Kukaramákara Titirifué

Detín marín dedó pingüé

Cúcara mácara títere fue

Yo no fui, fue Pepé

Pícaro, Pícaro, San José.

Si hay algo que me ha parecido absurdo en todo este recorrido que llevo haciendo es el haber ido al Zoológico de Cali. No digo que no sea digno de ver. Todo lo contrario, hay gran diversidad de animales y en definitivamente me lo he pasado bien. Lo que vengo a decir es que no es muy diferente a cualquier otro zoológico del mundo que tiene animales importados aunque he podido conocer otros bien curiosos de la zona. A esto lo llamaría: el turismo del guiri. Tipo de turismo que no había hecho hasta ahora. Seguro que me encuentro más de una vez en la misma situación cuando viaje solo.

Después de ir al zoológico, hemos ido a visitar unos familiares de Maru que nos habían invitado a comer. Una de las tertulias que han salido, y que después hemos comentado Carlos, Maru y yo, es el de la burundanga. Para el que no lo sepa, la burundanga, a parte de ser una canción de Celia Cruz, es conocida como escopolamina y es una sustancia extraída de una planta que se utiliza por estos derroteros para robar a la gente. La víctima absorbe por la piel o ingiriendo esta sustancia y se queda a merced del ladrón que te roba amablemente mientras uno le da  todo lo que pide de buen gusto sin oponer resitencia. Curioso, ¿verdad? Por otro lado, puede ser peligroso para la salud de la víctima, incluso podría producirle la muerte. Con cosas como éstas, no puedo evitar sentir temor. Por lo menos en Colombia, mientras esté acompañado me podré mantener al margen.

Nos hemos preparado para la noche. Por lo pronto, un aguardiente mientras vamos a buscar a Juliana, una buena amiga de Carlos y un encanto de persona. Necesitamos estar emparejados para poder bailar cómodamente salsa. Hemos salido a rumbear a una discoteca que se llama Kukaramákara (12000 pesos la entrada). El local está repleto de mesas donde pueden verse aguardientes encima de ellas y donde apenas hay espacio para bailar, cosa que no parece importar a los más rumberos como nosotros. Mientras bailábamos salsa, la noche iba bien hasta que la ley zanahoria hace su efecto. En Colombia, existe una ley desde hace unos años que hace que, por seguridad, se cierren todas las discotecas de las grandes ciudades a partir de las 2:00 AM.  Al parecer funciona porque ha reducido la violencia nocturna en el país. Pero a uno le puede parecer extraño porque después la gente se va a las afueras para seguir rumbeando. Eso es lo que hemos hecho nosotros. La siguiente discoteca ha sido Lulú (20000 pesos, barra libre). Es una discoteca de ambiente donde suena salsa, merengue, bachata y otros ritmos latinos. Lo cierto es que lo hemos pasado en grande y no hemos parado de bailar.

Ya exhaustos, hemos marchado para la casa donde hemos seguido pasando un buen rato hasta caer dormidos.

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