Alberto, el Shamán cofán

Me he despedido de mi grupo ya que ellos sólo tenían contratado cuatro días en el Lodge. Diego ha aprovechado el transporte a la civilización para iniciar unas pequeñas vacaciones. Por lo que a mí respecta, me he añadido a otro grupo para ir a visitar otra zona siona con la particularidad de que en ésta vive un Shaman.

Primero de todo, Juan, otro guía, nos ha mostrado más plantas y animales de la selva. Por ejemplo, la sangre de dragón que es la savia de un árbol que cura infinidad de heridas. Eso me hace recordar que esto era lo que vendía aquel hombre en el autobús y que yo no acabé de creer (ver final del primer párrafo de la entrada del 14 de septiembre). Ese hombre exageraba pero curativo sí que es en parte. También nos ha mostrado hormigas altamente venenosas, el árbol del cacao y plantas que utiliza el Shaman para comprender enfermedades y curarlas. Hay una en especial que utiliza el Shaman y es la planta de donde se extrae la escopolamina o, comunmente conocida, la burundanga. Curioso, ¿verdad?. Un estudiante de Shaman la toma una vez en la vida, pues es peligrosa, en el momento de graduarse después de un largo tiempo de estudios con el propósito de hacer un viaje astral al universo y adquirir distintos conocimientos durante 24 horas que dura el efecto.

El Shaman es un curandero con conocimientos de cientos de plantas medicinales y, también, de brujería. Allá donde la medicina no puede llegar, es probable que el Shaman sí pueda. Así nos lo ha hecho saber Alberto, un Shaman de 70 años que se graduó a los 30 y que prepara a futuros shamanes. Él es cofán pero vive en territorio siona.

Nos ha hecho una pequeña demostración de sanación con sus típicas vestimentas y ornamentas. Nos ha contado casos curiosos de personas que en sus manos se han curado de enfermedades difíciles y crónicas y que la medicina tradicional daba por imposible. Ciertamente, una visita harto curiosa.

Al tratarse de otro grupo diferente al que tenía yo, hemos ido otra vez a la comunidad siona donde enseñan a preparar en pan de yuca. Evitando estar prseente una vez más y queriendo aguantar el calor sofocante, me he dado un baño en el río mientras les esperaba.

Una vez todos juntos, hemos visto monos capuchinos que jugueteaban entre los árboles. Ha habido un momento que no se sabía quien observaba a quien, si los capuchinos a nosotros o nosotros a los capuchinos. Una vez llegados a la laguna grande, nos hemos dado otro chapuzón. En esa zona, podíamos llegar tranquilamente al fondo de la laguna, cosa que me ha hecho recordar lo peligrosas que son las mantas-raya que viven en el fondo de ellas. Una ves fresco, me he devuelto a la canoa.

De  vuelta al campamento, ya de noche, hemos hecho otro avistamiento de caimanes con la suerte de ver una boa y un caimán grande, también, objetivo de nuestras cámaras.

Después de la cena, me relajo en mi última noche en la selva.

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One Response to Alberto, el Shamán cofán

  1. Maria Juliana dice:

    Sabes que yo pensé que habías tenido algun tipo de experiencia mágica con el shaman, bueno mistica tal vez… Ojalá no se pierdan sus conocimientos y tu sigas escribiendo tan bien

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