El 9 de octubre por la ‘9 de Octubre’

El 9 de octubre de 1820 es el día que Guayaquil obtuvo la indendencia del yugo español planeada días antes en la conocida reunión ‘Fragua del Vulcano’ y, como no iba a ser de otra forma, hoy están de fiesta en Guayaquil. Varias comparsas que visten motivos militares hacen sus pertinentes coreografías y melodías desde el parque del Centenario hasta el Malecón 2000 y todo el mundo sale a la calle para verlo. Una vestimenta es parecida a la que una vez yo utilicé para una obra de teatro aunque seguro que para fines diferentes. Una de las melodías más significativas es la de ‘Guayaquileño, madera de guerrero‘. Es tiempo de fiesta, actividades y disfrute en esta gran ciudad y así seguirán los próximos días empalmando con otras festividades como el ‘Día de las Razas’ (Hispanidad en España) el 12 de octubre.

Después de estar entre tanta multitud de gente que, por cierto, hay mucha gente que lleva camisetas del Barça, he aprovechado para adentrarme en otras calles. He podido conocer la Catedral de Guayaquil que se alza preciosa alrededor del parque Bolivar, conocida como el parque de las iguanas por haber decenas de ellas sueltas por todo el recinto. Son muy sociables y se dejan tocar por niños y adultos, se suben a los árboles, comen lechuga y se pasean entre la gente como si nada.

He caminado hacia el otro lado de la calle 9 de Octubre, hacia el oeste. Al final de todo, hay otro bonito malecón. El malecón del Salado se encuentra bordeando al río y en el paseo se puede encontrar varios puentes, restaurantes, bares, exposiciones y bonitos jardines. Es digno de ver.

El sol de hoy ha sido abrasador. Me ha tocado bastante y he aprovechado para descansar y mirar por internet que no me tocó la lotería.

De vuelta a la calle he ido al Malecón 2000 donde me he encontrado a rafael Correas, presidente de Ecuador, haciendo un discurso para los ciudadanos de Guayaquil con alavanzas hacia ellos y donde no han faltado comentarios a la actitud de las huelgas de profesores e indígenas.

Allí mismo he conocido a Gustavo, un curioso guayaquileño de 17 años que pasaba por allí que se me ha acercado y se ha convertido en mi compañía en lo que restaba de día. La verdad es que llevaba una semana sin compartir cosas con nadie y, aunque no era muy hablador, ha sido muy grata la compañía. Hemos contemplado los fuegos artificiales, teatro en la calle y yo me he tomado una Pilsener en las Peñas mientras un ecuatoriano tocaba una melodía andina con instrumentos de viento. Dicha melodía me relajaba mientras pensaba que aquí termina otra etapa en mi viaje y empieza otra, Perú.

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