Machu Picchu, una maravilla del mundo

Llegó el gran día… o noche. Me he despertado a las 3:45 y he preparado la mochila para subir a uno de los yacimientos más visitados del mundo, el Machu Picchu.

Linterna en mano, he iniciado el duro ascenso en un camino de piedra en forma de escalera en el que no me faltaba la compañía. Al igual que yo, grupos de gente iniciaban su marcha para ser de los primeros en llegar y así encontrar plaza entre las únicas 400 que hay para subir al Wayna Picchu. Una hora he tardado en llegar y no habían más de 30 personas esperando en la entrada. Yo, subiría al Wayna Picchu.

Una vez abiertas las puertas, he escogido subir a las 10 de la mañana para que la niebla desapareciera por completo y así poder ver el yacimiento mejor. Tenía cuatro horas para pasearme entre la neblina que iba dejando ver algunas ruinas a medida que yo avanzaba pero sin dejar ver la belleza del Machu Picchu en todo su esplendor. El calor de las 9 ha hecho que la neblina, a modo de telón, se abriera poco a poco hasta desaparecer mostrando lo que pronto haría que quedara fascinado. Pero, ¿cómo? ¿Cómo es posible que subieran todas aquellas piedras hasta allá arriba y crear esa ciudad, esos templos, plazas, etc? Parece increible pero estaba allí para verlo. Uno puede imaginar cómo vivían en aquella época lo incas ya que las ruinas se conservan bastante bien. Sin duda, una merecida nueva maravilla del mundo.

Llegadas las 10 de la mañana, he subido durante 45 minutos hasta lo más alto del Wayna Picchu. Una hora he estado relajado y admirando el hermoso paisaje: las construcciones cerca de mí, la montaña y el yacimiento del Machu Picchu, el Putucusi al cual ascendí ayer, el río Urubamba y otras montañas, momento que he aprovechado para comer y beber algo.

La vista hacia abajo es vertiginosa y el descenso lo ha corroborado. Ver a algunas personas inseguras bajar a cuatro patas me ha resultado divertido. En los escalones apenas cabía un pie entero por lo que he tenido que descender de lado con cuidado de no tropezar, sería una mala caída.

Después de media hora de bajada he seguido admirando el lugar. La gente iba de aquí para allá maravillada y escuchando de sus guías hipotéticas historias que yo prefiero evitar para disfrutar de mi tiempo, de mi propia imaginación. Como todo turista que se precie, no iba a faltar la típica foto mía con el yacimiento y el Wayna Picchu a mi espalda desde la casa del guardián como prueba de que yo estuve allí. El conjunto de montañas dibujan las siluetas de un inca, un condor y un puma. Teniendo en cuenta que al fondo se encuentra el río que hace las veces de serpiente, tendríamos al inva juntos a los tres animales divinos.

Me he tumbado en uno de los peldaños utilizados como zona de cultivo, ahora con hierva, contemplando detenidamente las ruinas y grabándolas en mi retina hasta que mi memoria lo permita. Me sentía relajado y me he quedado dormido allí mismo.

He dado una última vuelta por el recinto mientras caían las primeras gotas que han provocado mi partida. Casi sin poder echar un último vistazo al Machu Picchu, he iniciado el duro descenso. Estoy cansado pero feliz, complacido, maravillado.

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2 Responses to Machu Picchu, una maravilla del mundo

  1. Maru dice:

    ¡Qué hermosa descripción! Gracias por ello. A ver si subes fotitos (cuando puedas, claro).

  2. Maria Juliana dice:

    Me has antojado de ir allá.

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