La isla Taquile

El típico tour desde Puno al lago Titicaca que hace todo el mundo es el de visitar las islas Uros, la isla Amantaní y la isla Taquile. Hemos querido hacerlo a nuestra manera dejando de lado la isla Amantaní costandonos el transporte a la Uros y Taquile 25 soles. Hemos salido a las 8:30 en una lancha hacia nuestro primer destino, la isla Taquile, llegando después de dos horas y media. En la lancha éramos los únicos turistas y los demás eran habitantes de Taquile que no paraban de mascar hojas de coca.

Al llegar nos han hecho pagar la entrada a la isla (5 soles) y un hombre, Ernesto, ataviado con coloridos ropajes y una sonrisa de oreja a oreja nos ha elegido para hospedarnos en su casa. Nos ha llevado hasta la plaza donde se vende artesanía y los turistas van de acá para allá haciendo fotos. Algo decepcionados con la clase de turismo, que parecía más bien un circo donde uno puede llegar a pensar que todo aquello no es real y no queriendo que se nos impusiera nada, hemos decidido dar esquinazo a Ernesto y adentrarnos en la isla buscando otro tipo de contacto, más barato y más real. Llegados a ese punto en el que llegar a la isla supone dormir en una casa con cena y desayuno mínimo cuesta 25 soles más un almuerzo por 15 soles, hemos decidido buscar un buen sitio para resguardarnos del frío y poder dormir con los sacos que llevábamos. El único era cómo conseguir comida.

Caminando y caminando hemos conocido a Edwin y Flora que atendiendo a nuestras críticas y falta de dinero nos han ayudado amablemente ofreciéndonos su gran hospitalidad. Hemos almorzado en su casa por 5 soles y hemos conocido un poco de sus vidas. La gente de Taquile vive generalmente de sus artesanías y, después, del turismo y de la agricultura. Son gente endogámica y su lengua principal es el quechua. Visten algo más humildes que los quevestían en la plaza: gorro y fajín de alegres colores y chaleco.

Después de almorzar hemos ido a pasear por la isla que es preciosa, de arena roja y piedras por  doquier. Tiene caminos laberínticos y playas con arena blanca. Uno podrá pensar a mirar al horizonte que se encuentra en el mar pero en realidad es el lago Titicaca que es de agua dulce. Nos encontrabamos en el lago navegable más alto del mundo a 3800 msnm donde a un lado se puede ver Perú y al otro Bolivia. La isla es hermosa y, alejados del centro turístico, nos encontrábamos solos, en paz. Era el lugar más tranquilo que había visitado en todo mi viaje donde, también, hemos podido admirar la puesta de sol en el horizonte, tras Perú. Con el crepúsculo y la luz de la luna, hemos iniciado la vuelta a la casa de Edwin y Flora donde definitivamente nos alojaremos por 5 soles. Sabíamos que la gente se pierde por estos laberintos y no era consejable hacerlo de noche. Nosotros no íbamos a ser menos y me ha parecido una aventura aunque a Miguel no tanto. Después de más de una hora buscando la casa, hemos conseguido llegar preguntando a los lugareños. Ellos parecen moverse a oscuras con facilidad por su isla. Al fin hemos llegado y Flora no sha preparado una deliciosa cena. Después de charlar de nuestras vidas y diferentes culturas y tocarnos, Edwin, la mandolina, nos hemos ido a dormir. Por lo menos pasaremos la noche más calentitos que con nuestros sacos a saber en qué lugar. Muchos se librarán de la gimcana de Halloween que hago cada año. Ya se me ocurrirá alguna cosa.

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