Cruzando el Paraná

Una vez más no he conseguido levantarme temprano. De todas formas, la lluvia me hubiese impedido cualquier movimiento. Aun cayendo algunas gotas, he ido a visitar Corrientes.

Un autobús me ha llevado hasta allá pasando por el largo puente sobre el río Paraná. que separa la provincia del Chaco de la provincia de Corrientes y sus capitales, Resistencia y Corrientes. Al parecer, es habitual hacer piquetes en este puente que cierran la circulación entre ambas ciudades y se manifiestan a sabiendas que de esa forma pueden lograr sus objetivos o solicitudes. Menos sensato me parece utilizar estos métodos como forma de desacreditación por parte de la oposición del gobierno y, mucho menos, que haya gente que se gana la vida como piqueteros recibiendo una suntuosa cantidad de dinero por ello. Otro problema palpable que existe en el enorme río Paraná es la fuerte crecida de éste debido a las fuertes lluvias de los últimos días que han inundado esta zona y han catalogado de alerta hídrica. Al final, saldrán flotando.

Problemas y curiosidades a parte, he llegado a Corrientes. Es una bonita y pequña ciudad de 320.000 habitantes donde la vida de ocio suele darse en la costanera del río Paraná que hace las veces de paseo marítimo. He paseado por sus modernas calles pasando por la plaza Cabral, por el parque Mitre donde habían algunas personas pescando y un viejo barco barado en la costa, por los bonitos murales en las paredes de toda la ciudad pero sobretodo entre las calles Quintana y San Juan, por la plaza 25 de mayo, por el largo parque Cambacuá y por la plaza de la Cruz.

Para llegar más rápido a Resistencia, pues me esperaba Lorena para almorzar, he tomado un remisse. Hemos ido a almorzar a casa de sus padres una suculenta comida que había preparado Yamile que me ha recordado a la que me hacía mi madre con mucho mimo. Esto es mucho más de la hospitalidad que esperaba y, por si fuera poco, Lorena me ha hecho de guía turístico por su ciudad.

Resistencia, capital del Chaco, tiene 360.000 habitantes y es conocida como la ciudad de las esculturas y es que hay muchísimas repartidas por las calles principales de la urbe. Primero de todo, hemos paseado por la calle comercial Perón y otras del centro y por la plaza principal 25 de mayo donde he echado un vistazo a la flora del parque y a las artesanías que allá se vendían. Por el camino hemos hecho un alto para comer un delicioso helado de dulce de leche con otras frutas y también hemos ido a visitar el centro español donde Lorena y su familia ocupan parte de sus tardes organizando reuniones y eventos con españoles y descendientes y codeándose con cónsules y embajadores y es que dicha familia tiene sangre de España. El lugar tiene una similitud con un típico patio andaluz con balcones y plantas que a uno hace sentir como en su tierra.

Me he despedido de los padres de Lorena y Sebas que marchaban de vacaciones y hemos ido a cenar a un restaurante a comeru na vez más un rico lomito mienstras ecuchábamos música en directo junto a Sebas y dos amigos de Lorena, Gimena y Javier, con los que hemos pasado una noche relajada de tertulia.

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