La tranquilidad de Colonia Pellegrini

¡Malditos mosquitos! He mirado en el espejo la obra de los mosquitos de ayer y tengo los homoplatos marcados con más de cien picadas y no exagero (ya colgaré la foto). Es algo que me ha amargado la estancia en mi último día. Además, si cabe la posibilidad de coger alguna enfermedad con sus picadas, sin duda la he cogido. En fin, no quiero ser tan catastrofista. 

No he llegado a tiempo para despedirme de Sergio, de su hijo y su amigo ya que han marchado muy temprano a su ciudad. Sé que tengo un amigo en Corrientes y no dudaré en ir a visitarlo si paso de nuevo por allá. Quizás el ciclismo de montaña nos una en alguna ocasión en algún lugar, nunca se sabe.

A primera hora, Álvaro y yo hemos hecho una cabalgata por alguna de las haciendas del lugar. A diferencia de una caminata, uno puede imaginar que en una cabalgata se va a galopar en algún momento. No ha sido el caso cosa que me ha decepcionado y no solo por llos 70 pesos que cuesta la sesión de una hora y media sino porque no necesito un caballo para hacer ese camino en el que no hemso visto gran cosa. Un capricho totalmente prescindible.

Caminando por Carlos Pellegrini me he dado cuenta que, por mucho que las cuadras (calles) tengan la acostumbrada forma cuadriculada de las ciudades coloniales, la sensación es de estar en un gran parque con escasas casas y algunos caminos que en sí hacen que se pierda el significado de manzanas y calles. Es una tranquila población en la que sin duda es un buen lugar para quedarse unos cuantos días y desconectar de la ciudad. Es una pena no tener tiempo para eso.

Con toda mi cara, me he dado un chapuzón en la piscina del hostel de Álvaro en su compañía para refrescarnos un poco del sofocante calor. La verdad es que Álvaro se ha portado muy bien conmigo y es algo que le agradezco, es un gran chico y un buen colega. Por si fuera poco y una vez más, me ha invitado a ir en su transfer para volver por la tarde a Mercedes. La otra alternativa era irme en un bus que sale cada día a las 4 de la madrugada, excepto los domingos, o irme por la mañana en el coche de Sergio que tan amablemente me había ofrecido también. Nos hemso ido a comer a otro comedor que, aunque más barato, no estaba tan rica la comida como la del comedor de los otros días. De vuelta al hostel, hemos tenido otra sesión de pileta (piscina) y, después, una siesta antes de recoger las cosas y marchar a las 17:00 en el transfer hacia Mercedes. Una tormenta se acercaba pero por lo menos nos ha dejado ver los últimos animales de Esteros del Iberá, sobretodo aves y vizcachas.

Hemos llegado a las 20:30 a Mercedes cuando ha comenzado a llover a cántaros. Hemos cenado algo al lado de unos gauchos (campesinos) ataviados con sus acostumbradas vest¡duras los cuales estaban festejando alguna cosa. Ha sido gracioso cuando Álvaro ha preguntado quién era el famoso Gauchito Gil y nos han contestado con toda la naturalidad del mundo que era un gaucho. A pesar de esa sorprendente descripción, hemos sabido por otras fuentes que fue el Robin Hood de la zona y se le atribuyen actos de santo.

Me he despedido de Álvaro, el chico de Ceuta que tan bien me ha tratado y que tan buena compañía ha sido. Un buen amigo si me permite el calificativo. Mi destino es diferente al suyo. Me toca viajar por la noche

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