Parque Provincial Aconcagua y el Cristo Redendor

Una de las muchas alternativas que se pueden hacer en Mendoza es hacer una ruta a los Andes hasta Las Cuevas, frontera con Chile pasando por Cacheuta, Potrerillos, Uspallata, Penitentes y Puente del Inca. Existen tours que se resorren en un día algunos de estos lugares por unos $100Ars pero yo prefiero hacerlo por libre y conocer tan solo un par de ellos, Puente del Inca y Las Cuevas.

Para ir hasta allá, solamente se puede hacer con la compañía de autobuses Uspallata ($20’38Ars curioso precio) y hay tres al día. Yo he tomado el primero, el de las 6:00 y me he bajado 3,5 horas después en Puente del Inca situandome de nuevo en parte de los Andes. Puente del Inca es un pequeño pueblo militar dedicado al turismo y ofrecen  hostales y refugios, tours, comedores y artesanías. Me he alojado en refugio El Nico ($35Ars con desayuno) porque el refugio La Vieja Estación ($30Ars) estaba completo.

Eran las 10:00 cuando he empezado a caminar y el primer lugar ha sido el Parque Provincial Aconcagua cuya entrada se encuentra a 2km de Puente del Inca. Desde allá se puede hacer una pequeña caminata de 4km por el circuito de la laguna Horcones ($6Ars). En dicho circuito, se encuentrael mirador del Aconcagua que se encuentra muy cercano y al cual se le aproximan senderistas y alpinistas para hallar su cumbre a casi 7000msnm, el pico más alto del mundo sin contar los del Himalaya. Finalizado el circuito, he empezado a caminar dirección Las Cuevas con la esperanza de que algún coche me recogiera por el camino pues la distancia es de 15km. Por suerte y al cabo de media hora, me han recogido Walter y Marta, una simpática pareja que me han hecho pensar cuando me han preguntado con qué elemento de la naturaleza conecto más. ¿El agua quizás? No lo sé.

Las Cuevas es otro pequeño pueblo turístico y solitario desde donde se puede acceder al monumento del Cristo Redendor a casi 4000 msnm a 8km montaña arriba por un camino cerrado al tráfico por causa de la nieve. Al principio, he comenzado a ascender  por el camino y, más tarde, he intentado atajar yendo montaña a través por terrenos escurridizos pero, al final, he vuelto al camino porque la pendiente empezaba a ser demasiado pronunciada. A medida que avanzaba me he encontrado con mucha nieve hasta el punto de tener que caminar sobre ella. Sobretodo en el último tramo que, fatigado después de tres horas de camino, he tenido que atravesar una peligrosa y  fuerte pendiente que sepultaba el camino. En alguna ocasión, he creído que caería al vacío pero al final he confiado en mis habilidades. Al fin he llegado al monumento que se halla en la frontera entre Argentina y Chile al lado de unso refugios deshabitados. Después de contemplar el precioso paisaje nevado de los Andes y soportado el gélido y fuerte viento que me venía acompañando todo el camino, he comenzado el descenso.

Por supuesto, no iba a hacerlo por el mismo camino y he empezado a bajar en línea recta por la parte más árida. Al principio ha sido divertido porque mis pies se hundían en la arena dándome más estabilidad en la fuerte pendiente hasta el punto de poder bajar corriendo de cara o en slalom. Más delante, no ha sido tan divertido cuando el terreno se ha vuelto más duro y resvaloso hasta el punto de caer de nalgas alguna vez magullándome las manos con piedras de pizarra a medida que caia mientras intentaba agarrarme a algo. Al principio he temido a la larga caída pero al final me he tranquilizado y he encontrado una postura cómoda y controlada para dejarme caer pendiente abajo hasta el pequeño riachuelo teniendo como único contacto con la tierra las suelas de mis zapatillas. Una vez en la proximidad del riachuelo, lo he seguido hasta recuperar el camino hasta la población de Las Cuevas. En total he tardado un ahora en bajar.

En ese momento de la tarde, me esperaban 15 km hasta Puente del Inca y apenas tenía fuerzas. He tenido que pasar por las abandonadas y escalofriantes vías del tren para evitar el oscuro tunel de la carretera. Más adelante he recuperado el camino por la carretera con a esperanza de que me recogieran de nuevo para llevarme a mi hostel pero eso no ocurriría hasta unos 8 km después. Al fin, he llegado al refugio para descansar mis sobrecargadas piernas y mi fatiga producida por el esfuerzo, la altura que tenía olvidada, la insolación y el frío soportado en la cima.

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