Último día en Colombia

13 septiembre 2009

No he dormido mucho pero ha sido una noche estupenda. Miles de emociones han recorrido mi cuerpo mientras dejaba volar mi imaginación hasta que bien avanzada la mañana de mi último día en Colombia he salido a pasear.

El día de hoy ha transcurrido en Popayán con todo el relax y tranquilidad que creía merecer. Para empezar, una comida mediterranea para concluir mi estancia en Colombia y un paseo hasta el Morro del Tulcán para contemplar desde lo alto la ciudad. Las vistas son fantásticas y el clima es ideal. El viento me  acaricia como si tuviera nostalgia de mi marcha y el cielo lloraba, o quizás era yo quien se sentía así. Es inevitable ponerme melancólico al no saber cuando estaré de vuelta pero lo que es seguro es que me llevo un buen recuerdo y muchos momentos vividos.

A la noche me he sentido pleno de energía y una felicidad me ha invadido  casi sin darme cuenta. El sólo pensamiento de continuar mi viaje en solitario y de probarme hace que me sienta vivo. Ahora sé que lo que me depara el camino es conocimiento y bienestar y me siento ansioso y fuerte para vivirlo.

Buenas noches, Colombia! Hasta siempre.


Despedida de Maru

12 septiembre 2009

Como todo turista que se precie, uno suele hacer las compras de regalos y souvenirs el último día del viaje yendo a toda prisa de un lado para otro y pensando si nos dejamos a alguien en el tintero y Maru no iba a ser menos. De un lado para otro hemos ido Lucero y yo para acompañarla en esta ardua empresa en la que he visto mermadas mis fuerzas más que en cualquier otra excursión que haya hecho en Colombia. Es broma, Maru, no me hagas caso.

Ha sido un día donde toda nuestra atención se le ha dedicado a ella. Hemos tenido una agradable visita y hemos comido arepas de huevo, tamales de pipián y pan de bono. Cuando quedaba poco para que su autobús saliera para Bogotá, le ha entrado la nostalgía y ha intentado, en balde, conseguir un avión para poderse quedar una noche más. Todos hemos andado con prisas, comiendo, averiguando información y, finalmente, acompañándola a la terminal. La tristeza de dejar el país en el que nació y vivió muchos años se ha visto refejada en su rostro. Se ha despedido de los suyos y me ha deseado lo mejor en mi camino.

No puedo evitar tener la mente ocupada y sentir ese cosquilleo al pensar que pronto emprenderé mi viaje en solitario sin mi gran compañera Maru. Ella ha sido una agradable compañía en todo momento, nunca ha flaqueado y ha estado sonriente, cosa que a uno le llena de energía y fuerzas para estar a su altura. Hemos compartido las 24 horas de los 18 días en los que hemos pasado muy buenos momentos. Momentos para todo: charlar, caminar, rumbear, tomar, reir, disfrutar, recordar… Ella me ha presentado a toda su familia la cual me ha hecho sentir muy cómodo en Colombia. Comodidad que no encontraré a partir de ahora, o por lo menos en menor medida. Me han malacostumbrado y me han tratado con mucha hospitalidad y amabilidad. Me llevo muy buenos recuerdos. Estar con ella ha hecho más fácil conocer el país y la gente que ahora llevo en mi corazón y, también, me ha facilitado que pudiera volver a ver a mi gran amigo del alma, Carlos. Sin duda, te echaré de menos, Maru. Nos vemos en España.


La cultura agustiniana

11 septiembre 2009

Nos hemos levantado temprano para hacer una excursión puesto que no teníamos mucho tiempo porque queríamos dormir esta noche en Popayán. Hemos cogido un autobús que nos ha llevado al Estrecho del rio Magdalena. El río Magdalena es el principal río de Colombia y posee aguas de color oscuro. Este río llega a pasar con gran torrente por un estrecho de casi 2 metros de ancho entre rocas. A simple vista parece tentador saltar al otro lado a sabiendas que hay gente que ha fallecido en el intento y que está prohibido. Supongo que muchos de vosotros, conociéndome, ya os imaginaís que lo he hecho. Pues os equivocáis, esta vez no. La voz de mi conciencia, Maru, me lo ha quitado de la cabeza. De todas formas, vale la pena sentarse en una roca y sentir la fuerza del agua en ese punto.

Una de nuestras alternativas era ir a Obando donde se encuentran unas tumbas interesantes pero no teníamos tiempo. Nos hemos subido a lo alto de un coche, tipo ‘willis’ pero más grande y estable, desde donde se podía ver el barranco al río Magdalena, y nos hemos dirigido a la entrada de la finca del Cielo para poder visitar la Chaquira y el Tablón. La Chaquira son unos dibujos esculpidos en una piedra in situ en lo alto de una montaña. Allí hemos conocido a Ricardo, un artesano que fabrica replicas en miniatura de la cultura agustiana. Hemos comprado el conocido ‘Doble yo’ o ‘Alter ego’ que es la pieza más bonita para nosotros. Después, El Tablón que son más esculturas en piedra. Por allí se puede visitar también la Pelota y el Purutal pero no teníamos tiempo y hemos decidido visitar el Parque Arqueológico que habíamos pagado el día anterior. Allí se puede ver más cultura agustiniana, esculturas esculpidas in situ con sus respectivas tumbas y otras que han sido movidas. Un guía nos acompaña (30000 pesos) durante el recorrido de 3 horas, Luis Alfredo Salazar (3125680365), y nos ha explicado miles de hipótesis creíbles, o no, de esta misteriosa cultura a lo largo de las cientos de esculturas que hemos observado.

Al salir, hemos comido y hemos cogido una chiva que iba a Isnos. No me podía ir de Colombia sin subirme a una destartalada chiva y sentir el meneo del auto en las curvas y terrenos pedregosos. Una vez allí, hemos cogido un autobús hasta Popayan en un recorrido de 5 horas, algo menos que la ida.

Esta ha sido la última salida que he hecho con Maru ya que ella marcha mañana a España y yo continuo mi viaje en solitario. Ya llega el momento de la verdadera aventura y no puedo evitar sentir un cosquilleo que recorre mi cuerpo. Nervios i/o incertidumbre quizás.

¡Bona Diada a tothom!


Las bellezas de San Agustín y alrededores

10 septiembre 2009

Hoy nos hemos dirigido a San Agustín. El camino por carretera destapada ha sido largo y tortuoso. Además es un camino donde se han encontrado retenes de la guerrilla y eso lo hacia también temeroso. Hemos tardado 6 horas en hacer poco más de 100 km (25000 pesos). Al llegar a un punto del camino, nos hemos encontrado militares por doquier acompañados de dos tanques impresionantes. Ya nos temíamos lo peor pero nos han informado que eran militares de montaña. Ya nos extrañaba que la guerrilla tuviera tales tanques de combate, aunque todo puede ser.

Con un pinchazo, hemos llegado al final de nuestro trayecto en bus, Isnos o, como se conoce por su iglesia, San José de Isnos. Hemos cogido un taxi conducido por Edilson (70000 pesos, algo caro), para conocer los alrededores de este pueblo que posee grandes riquezas arqueológicas y naturales ideales para el turista.

Para empezar nos hemos acercado al Salto de Bordones, una cascada impresionante de unos 400 metros de la cual no hemos tenido tiempo para acercarnos mucho más de lo que nos permitía el mirador. Mientras lo contemplábamos, Felipe, un niño de 10 años, nos explicaba la situación geográfica e histórica del salto con una soltura que ya quiesieran muchos guías.

Una de la cosas curiosas de coger un taxi aquí es que, habiendo pactado un precio, el conductor se espera el tiempo pertinente antes de seguir el recorrido. Lo segundo que visitamos es el Alto de las Piedras donde se encuentran algunas figuras esculpidas en piedra de una misteriosa civilización que desaparecío antes de la invasión de los españoles y que poco se sabe de ellos. Las colocaban delante de las tumbas de los grandes líderes. Al no conocer el nombre de los indígenas, a las figuras se les conoce como cultura agustiniana.

Hemos visitado el Alto de los Ídolos que es más de lo mismo pero con esculturas mucho más grandes, numerosas y muy bien conservadas. Al parecer, los indígenas las enterraron antes de la invasión de los Incas para evitar la destrucción. La entrada al recinto más la entrada al Parque Arqueológico el cual visitaremos mañana cuesta 13000 pesos para los colombianos y 25000 pesos para extrangeros.

Como última visita del día, hemos ido al Salto del Mortiño, una cascada de 200 metros impresionante. Hemos bordeado el barranco para llegar al nacimiento de la cascada que contenía unas rocas donde peligrosamente se podía saltar a ellas para contemplar la caída desde lo alto. Supongo que muchos de vosotros, conociéndome, ya os imaginaís que lo he hecho. Las vistan eran espectaculares.

Como última parada con nuestro amigo Edilson, hemos ido al pueblo de San Agustín donde nos hemos alojado (20000 pesos cada uno) en las cabañas Moyas. Humberto Salcedo (3125201773) nos ha hecho un buen precio (100000 pesos los tres) para conocer a caballo otras riquezas a la mañana siguiente pero preferimos hacerlo a pie y no gastar mucho dinero. Antes de ir a dormir hemos podido contemplar el firmamento con el mayor número de estrellas que jamás he visto.


De turismo en Popayán

9 septiembre 2009

Popayán, conocida como la Ciudad Blanca, fue fundada junto con Cali por Sebastián de Belalcázar, se encuentra a 1800 m de altura y la temperatura agradable es constante todo el año a pesar de las pasajeras y repentinas lluvias. Su máximo turístico es en las fiestas de Semana Santa.

Hemos subido a lo alto del Morro del Tulcán donde se puede contemplar las vistas de Popayan junto a la escultura ecuestre de Belalcázar. En la falda hay tiendas de artesanías curiosas. Aprovechando las alturas, hemos visitado la capilla de Belén que se encuentra en lo alto de una montaña después de seguir un via crucis. Es una ciudad religiosa y existen iglesias como la de San Antonio, San Francisco, San Agustín y la Ermita entre otras. La Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción es la más importante.

Popayán es una ciudad cultural y los museos están presentes destacando el Museo Arquidiocesano de Arte Religioso. En la Facultad de Humanidades hemos recorrido los claustros y visto exposiciones. Hemos visitado también la gran Universidad de Popayán, llena de claustros preciosos, donde grandes cabezas de estado han estudiado. En un edificio anexo donde hacen conciertos se encuentra el enorme y famoso cuadro ‘Apoteosis de Popayán’, de Efraim Martínez, que se puede ver representada la historia del país y se encuentra en muchas casas de Colombia.

Hemos pasado por la plaza de Santo Domingo para ver de día la Catedral y la Torre del Reloj, símbolo de Popayán, donde decenas de policias y antidisturbios estaban preparados para cualquier altercado en la manifestación llevada a cabo por los estudiantes del SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje) quienes rechazan la oferta desmedida de tecnologías vs. la calidad de la educación. Desconocemos como ha acabado la manifestación.

Después de almorzar, hemos comido un delicioso helado antes de ir a bailar danza andina. Maru y yo hemos sudado de lo lindo durante casi 2 horas pero lo hemos pasado en grande aprendiendo los diferentes ritmos de los Andes como el babuco de Colombia, el tico de Bolivia, la saya también de Bolivia, el tobas de Ecuador y el sanjuanito también de Ecuador. Una experiencia cultural enriquecedora y aeróbica que puede que me sea útil en alguno de los países que visitaré. De todas formas, creo que mañana tendré agujetas.


Silvia y la comunidad Misak

8 septiembre 2009

¡Pachite ken!

Hemos conseguido un coche y me ha tocado conducir durante 1’5 horas hasta Silvia. Se encuentra la cordillera central a 2600m de altura, cosa que se nota bastante. No sé si es algo de soroche (mal de altura) pero no me he sentido entero. De todas formas, ha sido un gran día.

A juzgar por el pueblo, Silvia no tiene nada de especial ni es mejor que otros que hayamos visto ya pero tiene una peculiaridad. Los martes durante todo el día es día de mercado. Pero no es un mercado común sino uno lleno de indígenas de la zona que vienen a ofrecer sus productos y son ataviados con curiosas vestimentas de color lila, los Misak o conocidos popularmente como Guambianos. Los Misak son una comunidad muy bajita que practican la endogámia étnica y viven a las afueras de Silvia. Su lengua es el wam por lo que deduzco que serán llamados guambianos.

El primer contacto con ellos es el abarrotado mercado que atrae a turistas, curiosos y compradores y donde podemos ver la diversidad de productos que ofrecen desde frutas a hortalizas pasando por productos cárnicos y textiles. Son su forma de vida y es digno de ver. Lucero y Maru han comprado algún producto pero yo me mantengo en mi posición de curioso mientras contemplo a los Misak desde la parte de atrás de mi cámara. No les gustan las fotos así que tengo que ser discreto y apuntar con mi objetivo a larga distancia.

Al salir del mercado nos hemos encontrado con un guía, Fredy Vargas fredyturismosilvia@yahoo.es, que nos ofrecía sus servicios para conocer el poblado guambiano. Hemos aceptado (15000 pesos) y nos ha llevado en coche al poblado Misak. Nos ha amenizado la visita con su alegría y con el Changuar (bebida típica de la región que contiene aguardiente y, en este caso, piña) que según él: acelera los latidos, evita los quejidos y transtorna los sentidos.

Dulce licor, bello tormento. ¿Qué haces ahí? Hecha pa’ dentro

Nos ha explicado parte de su forma de vida como su propia lengua, su religión, sus relaciones entre ellos y con el exterior, el consejo del cabildo, sus propias leyes, etc. Hemos escuchado el himno guambiano en boca de unos niños que nos han cantado a cambio de galletas. Hemos visitado la montaña de Santiago, la Peña y el pueblito. Nos hemos remojado en un río de aguas negras lleno de minerales y nos hemos puesto las vestimentas típicas de los Misak. ¿Qué más se puede pedir? Desde luego, ha sido una gran experiencia.

Al llegar a Popayan, sólo nos quedaba cenar y hacer unas cervezas con Maru para alegrar la velada antes de irse a dormir.

¡Uwanwa, mucharrá!


Al Cauca: El Tambo y Popayán

7 septiembre 2009

Muy apenados y casi sin mediar palabra nos hemos despedido de Carlos y de su madre, Gloria. Hemos salido de Jamundí en un microbus, llamado comúnmente como lechero (10000 pesos), dirección Popayán donde nos hospedaremos en casa de la familia de Maru junto con Lucero. Desde allí haremos varias rutas a los alrededores. Cada para que hacía el autobús, unos cuantos alegres y divertidos vendedores ambulantes subían para ofrecer sus productos. A destacar, los culebreros que son vendedores de brebajes “milagrosos” que según ellos curan desde la epilepsia, el vaginismo o cáncer a un precio supereconómico.

Una vez llegados y de camino a la casa he podido conocer algo de Popayán. Se encuentra entre la cordillera central y la occidental y es la capital del departamento del Cauca. Se le conoce como ‘Ciudad Blanca’ pero a simple vista parece un pueblo ya que tiene sólo 300.000 habitantes. Aunque es pobre y se ha desarrollado lentamente desde el teremoto del ’83 es, sin duda, una ciudad bonita, muy religiosa y colonial. El tráfico es horrible y tenemos que ir con mucho cuidado al cruzar la calle.

Hemos llegado a la casa donde nos ha recibido Lucero. La casa es muy grande, con muchas habitaciones alrededor del un claustro precioso. Estaremos muy bien alojados. Hemos dejado las mochilas con la intención de ir a visitar la finca de Ricardo, un familiar de Maru, en El Tambo, a 33km de Popayán. Nada más llegar al pueblo (3500 pesos), Ricardo nos esperaba en su ‘willis’ para poder ir a la finca. Aunque esta vez hemos tenido mucho espacio dentro, el camino era muy angosto cosa que lo ha hecho divertido. Cuando hemos llegado a la finca, nos esperaba una comida suculenta donde el plato principal eran los tamales. Los tamales es una especialidad de Popayan, heredado de los indígenas, consistente en una masa de maiz cocida y patata amarilla con otros ingredientes y cocinada dentro de una hoja de plátano envuelta. Delicioso. Después de comer hemos podido conocer los alrededores de la finca, los prados, el ganado, los cafetales y dos cosas a destacar.

La primera, ha sido el probar la rica guayaba cogida directamente del árbol. Yo ya había oído decir que la mayoría de laas cosechas de esta fruta vienen con inquilinos dentro. Lo que Maru llama ‘vitamina G’ yo lo llamo ‘nuncamasvoyacomerguayaba’. Ni siquiera en zumo. Ya no puedo tomarlo sin dejar de pensar en los gusanos que habitaban mi guayaba mientras me la comía. No quiero ni imaginar la de gusanos que habrán pasado a mi aparato digestivo. Y pensar la de productos que existen aquí en los que utilizan guayaba… En fin. Supongo que soy un urbanita.

La segunda, ha sido conocer un reciente hallazgo en la zona. Se han encontrado una ‘pailas’ en el mismo río donde las indígenas daban a luz y limpiaban sus bebes recien nacidos. Algo curioso de ver.

Hemos vuelto al pueblo de El Tambo para poder caminar por sus calles mientras nos tomabamos un helado de coco. Es un pueblo pequeño y bonito, nada turístico. Imagino que alguna de las razones será la presencia de la guerrilla y paramilitares por los alrededores del pueblo, aunque nosotros no hemos tenido ningún problema.

Al volver a Popayán, hemos tenido tiempo para dar una vuelta por la ciudad y he podido conocer algo de ella: la Iglesia de San José, la plaza de Caldas con la Torre del Reloj (símbolo de Popayán), La Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, la Ermita, la iglesia de Santo Domingo y la de San Francisco, el Hotel Monasterio, el Puente de los Humillados…


Llegar al Nirvana sin ver El Paraíso

6 septiembre 2009

El plan de hoy, como último día en Cali era visitar la reserva natural de Nirvana en Palmira (entrada 5000 pesos). Se encuentra aproximadamente a 1’5 horas de camino pero vale la pena. Nada más llegar hemos podido ver una gran diversidad de flora. La reserva se encuentra en lo alto de la cordillera central de los andes colombianos lo que hace que haya unas vistas excepcionales. Incluso puede verse la cordillera occidental desde donde estábamos. Un paseo de más de una hora hasta la cumbre y con menos cantidad de oxígeno concentrado en el aire ha hecho que nos resulte algo fatigoso el caminar. Puede ser que también tanta fiesta ha hecho mella en nosotros. Unos colibries y otras especies de aves nos han acompañado en el camino. Es fascinante y digno de ver. En lo alto, hay una reconstrucción de un poblado indígena donde se puede intuir cómo vivían. Hemos comido en la misma reserva y el plato a destacar era el lomo de ternera. Hacía tiempo que tenía la necesidad de comer carne.

Otro plan que teníamos era ir a ‘La hacienda El Paraíso’ cerca de Ginebra pero no ha podido ser. Es una hacienda colonial donde transcurrió una de las novelas más importantes de Colombia, ‘Maria’, de Jorge Isaacs. Lo dejaremos para otra vez.

Nos hemos preparado para ir, de nuevo, a Cali. Al ser la última noche, hemos decidido tener un plan muy tranquilo. Carlos, Juliana, Maru y yo hemos ido a cenar a un restaurante en la colina de San Antonio bastante bonito con unas vistas preciosas de la ciudad. El restaurante se llama ‘El Zauan’ y los platos: aborrajados (plátano dulce con queso), puerquitas (merranitas, chicharrón envuelto de platano) y pastel de yuca (pastel de carne y yuca) y bebimos champús (lulo y granos de maiz fermentados).

Aunque hemos pasado una velada muy agradable, es inevitable pensar que nos tenemos que despedir. Ha sido estupendo poder escuchar canciones casposas de nuestra época (como el ‘Duro de pelar’ de Rebeka) en casa de Juliana mientras charlábamos y tomábamos una copa de vino. Juliana ha sido un encanto y una buena compañía. Ahora sé que tengo otra amiga en Cali.

Nueve años han pasado desde la última vez que vi a Carlos y, al ver nuestra amistad intacta, no me gustaría que pasara tanto tiempo hasta que nos volvamos a ver. Estoy triste por despedirme pero alegre de haber vuelto a verle. Antes de dormir hemos tenido una charla sobre la vida, las amistades y el amor, como hace tiempo no teníamos. Carlos, te echaré de menos. Un abrazo.


Se armó el zaperoco

5 septiembre 2009

Desconocía completamente lo que era un guayabo (resaca) de aguardiente. En mis extensas experiencias con el alcohol no había experimentado tal malestar en mi vida: taquicardias y una sensibilidad al tacto un tanto torpe. Teniendo en cuenta mi estado, me  he pasado gran parte del día durmiendo para después hacer lo que teníamos por costumbre últimamente, turismo nocturno.

Carlos, Juliana, Maru y yo hemos salido a cenar a un restaurante que se llama ‘Las Neblinas’ en el km. 18 de la via al mar. Es un punto donde los caleños van a olvidarse del calor y estar en un sitio más alto y frio aunque entre niebla. La cena (25000 pesos por persona) se ha compuesto de picada (distintas carnes braseadas, plátano y salsas), marranitas (chicharrón envuelto en forma de esfera con plátano) y de beber canelazo (agua de panela caliente, canela y aguardiente).

Lo que le faltaba a la noche, cómo no,  era salir a rumbear. Aunque esta vez iba a ser en un plan más tranquilo pero sin que faltara el aguardiente. La gran idea ha sido ir a Zaperoco, lugar típico de salsa donde se puede encontrar caleños bailando o tocanco instrumentos al son de la música. Por suerte, nos hemos sentado al lado de una gente que llevaba maracas y campanas que nos han ofrecido con mucha amabilidad. Quizás era mejor dejar que los tocaran los que sabían aunque no creo que lo haya hecho tan mal. Iré practicando. Era momento de bailar algunas piezas de salsa. Me encanta Cali y su salsa como una forma de vida.

Al salir del local hemos marchado para la casa para continuar la agradable noche. Antes de dormir no he podido evitar escuchar en mi cabeza la canción de salsa ‘Abre que voy‘ de Miguel Enriquez.


Kukaramákara Titirifué

4 septiembre 2009

Detín marín dedó pingüé

Cúcara mácara títere fue

Yo no fui, fue Pepé

Pícaro, Pícaro, San José.

Si hay algo que me ha parecido absurdo en todo este recorrido que llevo haciendo es el haber ido al Zoológico de Cali. No digo que no sea digno de ver. Todo lo contrario, hay gran diversidad de animales y en definitivamente me lo he pasado bien. Lo que vengo a decir es que no es muy diferente a cualquier otro zoológico del mundo que tiene animales importados aunque he podido conocer otros bien curiosos de la zona. A esto lo llamaría: el turismo del guiri. Tipo de turismo que no había hecho hasta ahora. Seguro que me encuentro más de una vez en la misma situación cuando viaje solo.

Después de ir al zoológico, hemos ido a visitar unos familiares de Maru que nos habían invitado a comer. Una de las tertulias que han salido, y que después hemos comentado Carlos, Maru y yo, es el de la burundanga. Para el que no lo sepa, la burundanga, a parte de ser una canción de Celia Cruz, es conocida como escopolamina y es una sustancia extraída de una planta que se utiliza por estos derroteros para robar a la gente. La víctima absorbe por la piel o ingiriendo esta sustancia y se queda a merced del ladrón que te roba amablemente mientras uno le da  todo lo que pide de buen gusto sin oponer resitencia. Curioso, ¿verdad? Por otro lado, puede ser peligroso para la salud de la víctima, incluso podría producirle la muerte. Con cosas como éstas, no puedo evitar sentir temor. Por lo menos en Colombia, mientras esté acompañado me podré mantener al margen.

Nos hemos preparado para la noche. Por lo pronto, un aguardiente mientras vamos a buscar a Juliana, una buena amiga de Carlos y un encanto de persona. Necesitamos estar emparejados para poder bailar cómodamente salsa. Hemos salido a rumbear a una discoteca que se llama Kukaramákara (12000 pesos la entrada). El local está repleto de mesas donde pueden verse aguardientes encima de ellas y donde apenas hay espacio para bailar, cosa que no parece importar a los más rumberos como nosotros. Mientras bailábamos salsa, la noche iba bien hasta que la ley zanahoria hace su efecto. En Colombia, existe una ley desde hace unos años que hace que, por seguridad, se cierren todas las discotecas de las grandes ciudades a partir de las 2:00 AM.  Al parecer funciona porque ha reducido la violencia nocturna en el país. Pero a uno le puede parecer extraño porque después la gente se va a las afueras para seguir rumbeando. Eso es lo que hemos hecho nosotros. La siguiente discoteca ha sido Lulú (20000 pesos, barra libre). Es una discoteca de ambiente donde suena salsa, merengue, bachata y otros ritmos latinos. Lo cierto es que lo hemos pasado en grande y no hemos parado de bailar.

Ya exhaustos, hemos marchado para la casa donde hemos seguido pasando un buen rato hasta caer dormidos.


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