Campo en Villa de Leyva y fiesta en Bogotá

28 agosto 2009

Hemos desayunado copiosamente: caldo con carne y papas, huevo perico (tortilla de tomte y cebolla) y chocolate. ¿Es que aquí nunca se hartan de comer? Impresionante desayuno. Seguro que he ganado algún kilo, cosa que me va muy bien, entre otras cosas, para conseguir reservas en momentos hambre.

El plan de la mañana ha sido ir a montar a caballo por una ruta de 2 horas y media por los alrededores de Villa de Leyva (30000 pesos). El camino ha empezado tranquilo, al paso. Las vistas eran preciosas y verdosas y los caballos parecían saberse el camino. Al rato Maru y yo hemos empezado a apretar a los caballos para galopar hasta el punto de hacer carreras. Nunca había corrido tanto con un caballo. Sin duda, una sensación que aumentaba nuestra adrenalina. Hemos atravesado a un terreno privado (1000 pesos) que contenía varias balsas artificiales que antiguamente se utilizaban para el regadío pero que hoy tiene, exclusivamente, uso turístico (3000 pesos). Disponen de trampolines para caer en la parte profunda de la balsa asi que no lo hemos pensado demaiado. Nos hemos despojado de nuestra ropa y nos hemos adentrado poco a poco en la congelada agua para evitar un corte de digestión por el copioso desayuno. Una vez superada la baja temperatura hemos hecho uso de los trampolines. Una locura más de lás mías pero ha hecho que aumentara aun más nuestra adrenalina para, acto después, continuar galopando. La siguientes paradas han sido el Museo de Fósiles (3000 pesos), el Museo Muisca (4000 pesos) con sus grandes falos con motivo de fertilidad a la tierra y la casa de barro (5000 pesos aunque no entramos) muy la estilo Gaudí. Un paseo muy ameno.

Hemos comido bandeja paisa (sopa de frijoles, plátanos maduros, arroz y aguacate) y un jugo (zumo) de limón (5000 pesos) antes de partir de nuevo para Bogotá. Hemos perdido el directo así que hemos hecho transbordo (5500 + 17000 pesos, más caro que la ida) un viaje de 3 horas.

Hemos cenado y nos hemos arreglado para salir a rumbear (bailar), como dicen aquí. Primero hemos ido a casa de unos primos de Maru (Camilo, Ana María y Sofía). Nos hemso encontrado con ellos y con sus amigos. Son gente muy amable y divertida. Hemos tomado aguardiente con rodajas de limón, cerveza, vodka con mango y cocaína rusa (rodaja de limón con azucar y café espolvoreado para acompañar un chupito de vodka). Hemos rumbeado en la discoteca Penthouse donde ponen música moderna y no han cerrado a las 2:30. A la salida alguien cantaba el himno del F.C. Barcelona al cual nos hemos sumado y hemos hablado de las partes que conocía de Barcelona. Un personaje. Para acabar la noche hemos comido un sushi en forma de cono con un toque colombiano, hemos cogido un taxi y a dormir. Como no, teníamos que conocer una noche de marcha en Bogotá.

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Hacia Villa de Leyva

27 agosto 2009

Amanece un nuevo día con la idea de ir a visitar Villa de Leyva, un pequeño pueblo colonial que se encuentra en el departamento de Boyaca. Necesitabamos conseguir un autobus para llegar y en la parada nos hemos encontrado con decenas de ellos que iban a diferentes destinos. Los dueños de los autobuses venden los trayectos a grito pelado con el ánimo de conseguir cuanto antes clientes y llenar el aforo. Hemos conseguido un microbus que nos llevaba de forma indirecta por un buen precio, 15000 pesos. Aunque el trayecto era inusual para ir a Villa de Leyva y el camino era muy angosto y largo para un microbus destartalado pero agradable como ese, hemos disfrutado de 4 horas y media de preciosos y verdes parajes entre los Andes y hemos observado como los campesinos trabajaban el terreno para la agricultura (en especial el maiz), fabricaban artesanía de barro y atendían al ganado mientras vacas y caballos pastaban por los extensos prados. Mientras nos alejábamos de la gran ciudad, sentíamos la paz y tranquilidad de no tener que ir alerta constantemente. Eso ha hecho que me sintiera mucho mejor después del percance de ayer. En alguna de las paradas una señora ha subido para ofrecernos lo que aquí llaman bocadillo de guayaba (queso campesino relleno de dulce de guayaba). Después una cabezadita hasta llegar al destino.

De primeras, un buen rollo se respiraba en aquel pueblo bonito y colonial. Calles adoquinadas, carros tirados por caballos, casas adosadas con bonitas balconadas… En definitiva todo precioso, muy familiar y con buen ambiente. Hemos podido conseguir un habitación económica por 25000 pesos cada uno incluyendo el desayuno en el hospedaje ‘El Girasol’. Lo primero era dar una vuelta para conocer el poblado. No nos iba a llevar demasiado tiempo siendo un pueblo pequeño. Al rato era la hora del almuerzo así que hemos comido en el mismo hospedaje por 6000 pesos: masato (sopa a base de cebada), mazamorra (sopa a base de maiz) y carne de ternera con acompamiento (arroz y ensalada). Hemos continuado paseando por el poblado con la intención de entrar en algún museo del lugar. Antes de todo queríamos probar el aguardiente típico de Colombia, así que hemos entrado en una tienda que nos ha llamado la anetnción porque sonaba música típica de allí: música de despecho, vallenato, música carrilera… la idea era hacer sólo una pero unos chicos que se sentaban dos mesas más allá de nosotros nos invitaron a otra ronda más una de cervezas (Poker), y otra, y otra, y otra…. Entre alcohol y música hemos tenido una buena conversación entre diferentes culturas del mundo. La vida, los amores, los proyectos y demás cosas. Sin duda unas encantadoras personas: Walter, Ricardo, Willliam y Toño. Hemos reído, charlado, cenado y eschuchado música llanera. En general hemos disfrutado con ellos.

Ya hebrio en el hospedaje hacía balance del día pensando que conocer a la gente de los lugares y charlar con ellos era también una forma de turismo, mucho mejor que ir a los museos. Una muy buena experiencia.