En una finca cafetera y para Cali

1 septiembre 2009

Hemos salido a media mañana hacia Armenia con la intención de visitar el Parque Nacional del Café pero hemso tenido mala suerte porque, al parecer, los lunes y los martes está cerrado. Así que hemos pensado una segunda opción, visitar una finca cafetera. Nos han dado información de una finca que se encuentra en Calarcá que se llama finca cafetera Recuca. El autobús nos ha dejado a la entrada de una carretera y nos espera 2 km de camino hasta la finca. El paisaje es excelente. Miles de plantas de café y de plataneros nos rodean mientras caminamos. Nos hemos encontrado con variedad de flores y de pájaros fascinantes por el camino antes de entrar en la finca (13000 pesos).

Nos reciben con mucha cordialidad dos jóvenes que son los encargados de mostrarnos el proceso del café. Para empezar, nos han amenizado la visita vistiéndome de arriero y a Maru de chapolera. Nos hemos reído mucho mientras nos explicaban las diferentes vestimentas, bailábamos y hacíamos lucha de arrieros. Después de ello, nos han hecho un recorrido por los cafetales mientras nos informaban de las diferentes semillas del café, los cultivos, las enfermedades de las plantas, etc. Ya sólo quedaba que nos mostraran como  cosechaban y hacían el despulpado, secado, trillado, tostado y molido del café. Nosotros mismos nos hemos convertido por un momento en recolectores y despulpadores, algo muy divertido. Como no podía ser de otra manera, al final del recorrido nos esperaba un café colombiano de primera calidad. Como muchos sabréis, no se me conoce precisamente por ser un gran amante del café pero me había propuesto probarlo. Y así ha sido, he bebido el primer café de mi vida y, como no,  ha sido uno de los mejores cafés del mundo. La experiencia ha sido muy instructiva y amena. Nos vamos de la finca con una gran sensación de satisfacción.

La idea era ir para Cali y para hacerlo hemos tenido que ir, una vez más, a Armenia para comer, recoger las maletas que habíamos dejado en consigna y coger el autobús (20000 pesos, 3 horas). Una vez llegados, nos ha venido a buscar mi querido amigo Carlos. Hacía 9 años que no lo veía, desde que estuvo por última vez en España. Ha sido una gran alegría volver a verle. Nos ha llevado a las afueras de Cali, a Jamundí. La noche ha pasado rápido entre cervezas y recuerdos de nuestra adolescencia. Recuerdos de muchas historias vividas entre Maru, Carlos, otros amigos y yo. No me creo todavía que haya podido verle otra vez y que nuestra amistad siga intacta como la de entonces. Tenemos que ponernos al día. Tenemos que contarnos muchas cosas.

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