Llegar al Nirvana sin ver El Paraíso

6 septiembre 2009

El plan de hoy, como último día en Cali era visitar la reserva natural de Nirvana en Palmira (entrada 5000 pesos). Se encuentra aproximadamente a 1’5 horas de camino pero vale la pena. Nada más llegar hemos podido ver una gran diversidad de flora. La reserva se encuentra en lo alto de la cordillera central de los andes colombianos lo que hace que haya unas vistas excepcionales. Incluso puede verse la cordillera occidental desde donde estábamos. Un paseo de más de una hora hasta la cumbre y con menos cantidad de oxígeno concentrado en el aire ha hecho que nos resulte algo fatigoso el caminar. Puede ser que también tanta fiesta ha hecho mella en nosotros. Unos colibries y otras especies de aves nos han acompañado en el camino. Es fascinante y digno de ver. En lo alto, hay una reconstrucción de un poblado indígena donde se puede intuir cómo vivían. Hemos comido en la misma reserva y el plato a destacar era el lomo de ternera. Hacía tiempo que tenía la necesidad de comer carne.

Otro plan que teníamos era ir a ‘La hacienda El Paraíso’ cerca de Ginebra pero no ha podido ser. Es una hacienda colonial donde transcurrió una de las novelas más importantes de Colombia, ‘Maria’, de Jorge Isaacs. Lo dejaremos para otra vez.

Nos hemos preparado para ir, de nuevo, a Cali. Al ser la última noche, hemos decidido tener un plan muy tranquilo. Carlos, Juliana, Maru y yo hemos ido a cenar a un restaurante en la colina de San Antonio bastante bonito con unas vistas preciosas de la ciudad. El restaurante se llama ‘El Zauan’ y los platos: aborrajados (plátano dulce con queso), puerquitas (merranitas, chicharrón envuelto de platano) y pastel de yuca (pastel de carne y yuca) y bebimos champús (lulo y granos de maiz fermentados).

Aunque hemos pasado una velada muy agradable, es inevitable pensar que nos tenemos que despedir. Ha sido estupendo poder escuchar canciones casposas de nuestra época (como el ‘Duro de pelar’ de Rebeka) en casa de Juliana mientras charlábamos y tomábamos una copa de vino. Juliana ha sido un encanto y una buena compañía. Ahora sé que tengo otra amiga en Cali.

Nueve años han pasado desde la última vez que vi a Carlos y, al ver nuestra amistad intacta, no me gustaría que pasara tanto tiempo hasta que nos volvamos a ver. Estoy triste por despedirme pero alegre de haber vuelto a verle. Antes de dormir hemos tenido una charla sobre la vida, las amistades y el amor, como hace tiempo no teníamos. Carlos, te echaré de menos. Un abrazo.


Se armó el zaperoco

5 septiembre 2009

Desconocía completamente lo que era un guayabo (resaca) de aguardiente. En mis extensas experiencias con el alcohol no había experimentado tal malestar en mi vida: taquicardias y una sensibilidad al tacto un tanto torpe. Teniendo en cuenta mi estado, me  he pasado gran parte del día durmiendo para después hacer lo que teníamos por costumbre últimamente, turismo nocturno.

Carlos, Juliana, Maru y yo hemos salido a cenar a un restaurante que se llama ‘Las Neblinas’ en el km. 18 de la via al mar. Es un punto donde los caleños van a olvidarse del calor y estar en un sitio más alto y frio aunque entre niebla. La cena (25000 pesos por persona) se ha compuesto de picada (distintas carnes braseadas, plátano y salsas), marranitas (chicharrón envuelto en forma de esfera con plátano) y de beber canelazo (agua de panela caliente, canela y aguardiente).

Lo que le faltaba a la noche, cómo no,  era salir a rumbear. Aunque esta vez iba a ser en un plan más tranquilo pero sin que faltara el aguardiente. La gran idea ha sido ir a Zaperoco, lugar típico de salsa donde se puede encontrar caleños bailando o tocanco instrumentos al son de la música. Por suerte, nos hemos sentado al lado de una gente que llevaba maracas y campanas que nos han ofrecido con mucha amabilidad. Quizás era mejor dejar que los tocaran los que sabían aunque no creo que lo haya hecho tan mal. Iré practicando. Era momento de bailar algunas piezas de salsa. Me encanta Cali y su salsa como una forma de vida.

Al salir del local hemos marchado para la casa para continuar la agradable noche. Antes de dormir no he podido evitar escuchar en mi cabeza la canción de salsa ‘Abre que voy‘ de Miguel Enriquez.


Kukaramákara Titirifué

4 septiembre 2009

Detín marín dedó pingüé

Cúcara mácara títere fue

Yo no fui, fue Pepé

Pícaro, Pícaro, San José.

Si hay algo que me ha parecido absurdo en todo este recorrido que llevo haciendo es el haber ido al Zoológico de Cali. No digo que no sea digno de ver. Todo lo contrario, hay gran diversidad de animales y en definitivamente me lo he pasado bien. Lo que vengo a decir es que no es muy diferente a cualquier otro zoológico del mundo que tiene animales importados aunque he podido conocer otros bien curiosos de la zona. A esto lo llamaría: el turismo del guiri. Tipo de turismo que no había hecho hasta ahora. Seguro que me encuentro más de una vez en la misma situación cuando viaje solo.

Después de ir al zoológico, hemos ido a visitar unos familiares de Maru que nos habían invitado a comer. Una de las tertulias que han salido, y que después hemos comentado Carlos, Maru y yo, es el de la burundanga. Para el que no lo sepa, la burundanga, a parte de ser una canción de Celia Cruz, es conocida como escopolamina y es una sustancia extraída de una planta que se utiliza por estos derroteros para robar a la gente. La víctima absorbe por la piel o ingiriendo esta sustancia y se queda a merced del ladrón que te roba amablemente mientras uno le da  todo lo que pide de buen gusto sin oponer resitencia. Curioso, ¿verdad? Por otro lado, puede ser peligroso para la salud de la víctima, incluso podría producirle la muerte. Con cosas como éstas, no puedo evitar sentir temor. Por lo menos en Colombia, mientras esté acompañado me podré mantener al margen.

Nos hemos preparado para la noche. Por lo pronto, un aguardiente mientras vamos a buscar a Juliana, una buena amiga de Carlos y un encanto de persona. Necesitamos estar emparejados para poder bailar cómodamente salsa. Hemos salido a rumbear a una discoteca que se llama Kukaramákara (12000 pesos la entrada). El local está repleto de mesas donde pueden verse aguardientes encima de ellas y donde apenas hay espacio para bailar, cosa que no parece importar a los más rumberos como nosotros. Mientras bailábamos salsa, la noche iba bien hasta que la ley zanahoria hace su efecto. En Colombia, existe una ley desde hace unos años que hace que, por seguridad, se cierren todas las discotecas de las grandes ciudades a partir de las 2:00 AM.  Al parecer funciona porque ha reducido la violencia nocturna en el país. Pero a uno le puede parecer extraño porque después la gente se va a las afueras para seguir rumbeando. Eso es lo que hemos hecho nosotros. La siguiente discoteca ha sido Lulú (20000 pesos, barra libre). Es una discoteca de ambiente donde suena salsa, merengue, bachata y otros ritmos latinos. Lo cierto es que lo hemos pasado en grande y no hemos parado de bailar.

Ya exhaustos, hemos marchado para la casa donde hemos seguido pasando un buen rato hasta caer dormidos.


Día de relax

3 septiembre 2009

Lo cierto es que hoy no hemos hecho gran cosa. Desansado en Jamundí, hemos estado en la casa de Carlos, conocido por todos nosotros como Chamo, de relax y en la piscina calmando el calor asfixiante que hace en esta zona.

Por la tarde hemos dado una vuelta por Cali con Ricardo, el primo de Maru. Puedo decir que no es una ciudad muy turística pero ofrece otros encantos. Nos hemos movido en coche por la zona de fiesta y por los moteles que son muy típicos aquí. Hemos hecho una parada para llenar el estómago. Esta vez hemos comido empanadas típicas (empanadillas), lulada (granizado de lulo) y cholado (trocitos de diferentes frutas con leche condensada).

Para ser un día de relax y no haber hecho gran cosa, hemos conocido algo más de la gastronomía y de la ciudad de Santiago de Cali.


Si por la quinta vas pasando…

2 septiembre 2009

Nos hemos levantado muy tarde. La estancia en Jamundí promete ser un alto en la clase de turismo que estábamos haciendo hasta ahora. Son momentos para recordar, charlar, descansar y, sobretodo, bailar salsa. Hemos comido y nos hemos dado un chapuzón en la piscina comunitaria de esta urbanización de Jamundí, La Morada.

Ya por la noche, embadurnado de Relec para repeler los mosquitos que habitan aquí en abundancia ya que es zona de riesgo de contracción de dengue, nos acercamos a Cali. Esta ciudad es la capital del Valle del Cauca y la tercera ciudad más poblada de Colombia con 2’3 millones de habitantes. Carlos nos ha dado una vuelta en coche por la ciudad y a partir de mi primer contacto puedo decir que mucho más pequeña que Bogotá, muy moderna y con muchos restaurantes, moteles y discotecas. Hemos ido a un centro comercial para hacer unas gestiones y hemos aprovechado para comer chontaduro con miel y sal. Es el fruto de una palma de la zona pacífica colombiana. Personalmente no me ha entusiasmado demasiado pero al parecer es una delicia para la gente de aquí. Hemos ido en coche por la ciudad mientras escuchábamos salsa, en concreto una mientras pasábamos por la quinta, ‘Cali ají‘ de Grupo Niche . Para tener una mejor vista de la ciudad por la noche, hemos ido al mirador de la colina San Antonio también conocida como el parque del dedo. No hace falta mucha imaginación para saber el motivo. Allí hemos contemplado la ciudad mientras tomábamos aguardiente y un cantante callejero, no muy buen bueno por cierto, por 5000 pesos nos ponía melancolicos con tres canciones y una de ñapa (extra) como ‘Mediterráneo’ de Serrat,  ‘Lamento boliviano’ de Enanitos Verdes, ”Al lado del camino’ de Fito Paez y ‘A puro dolor’ de Song by 4. Hemos pasado un buen rato a la fresca recordando buenos momentos hasta que ha llegado el momento de volver a la casa. Una vez allá, hem0s pasado otro buen rato hasta que nos hemos ido a dormir.