De turismo en Popayán

9 septiembre 2009

Popayán, conocida como la Ciudad Blanca, fue fundada junto con Cali por Sebastián de Belalcázar, se encuentra a 1800 m de altura y la temperatura agradable es constante todo el año a pesar de las pasajeras y repentinas lluvias. Su máximo turístico es en las fiestas de Semana Santa.

Hemos subido a lo alto del Morro del Tulcán donde se puede contemplar las vistas de Popayan junto a la escultura ecuestre de Belalcázar. En la falda hay tiendas de artesanías curiosas. Aprovechando las alturas, hemos visitado la capilla de Belén que se encuentra en lo alto de una montaña después de seguir un via crucis. Es una ciudad religiosa y existen iglesias como la de San Antonio, San Francisco, San Agustín y la Ermita entre otras. La Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción es la más importante.

Popayán es una ciudad cultural y los museos están presentes destacando el Museo Arquidiocesano de Arte Religioso. En la Facultad de Humanidades hemos recorrido los claustros y visto exposiciones. Hemos visitado también la gran Universidad de Popayán, llena de claustros preciosos, donde grandes cabezas de estado han estudiado. En un edificio anexo donde hacen conciertos se encuentra el enorme y famoso cuadro ‘Apoteosis de Popayán’, de Efraim Martínez, que se puede ver representada la historia del país y se encuentra en muchas casas de Colombia.

Hemos pasado por la plaza de Santo Domingo para ver de día la Catedral y la Torre del Reloj, símbolo de Popayán, donde decenas de policias y antidisturbios estaban preparados para cualquier altercado en la manifestación llevada a cabo por los estudiantes del SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje) quienes rechazan la oferta desmedida de tecnologías vs. la calidad de la educación. Desconocemos como ha acabado la manifestación.

Después de almorzar, hemos comido un delicioso helado antes de ir a bailar danza andina. Maru y yo hemos sudado de lo lindo durante casi 2 horas pero lo hemos pasado en grande aprendiendo los diferentes ritmos de los Andes como el babuco de Colombia, el tico de Bolivia, la saya también de Bolivia, el tobas de Ecuador y el sanjuanito también de Ecuador. Una experiencia cultural enriquecedora y aeróbica que puede que me sea útil en alguno de los países que visitaré. De todas formas, creo que mañana tendré agujetas.


Silvia y la comunidad Misak

8 septiembre 2009

¡Pachite ken!

Hemos conseguido un coche y me ha tocado conducir durante 1’5 horas hasta Silvia. Se encuentra la cordillera central a 2600m de altura, cosa que se nota bastante. No sé si es algo de soroche (mal de altura) pero no me he sentido entero. De todas formas, ha sido un gran día.

A juzgar por el pueblo, Silvia no tiene nada de especial ni es mejor que otros que hayamos visto ya pero tiene una peculiaridad. Los martes durante todo el día es día de mercado. Pero no es un mercado común sino uno lleno de indígenas de la zona que vienen a ofrecer sus productos y son ataviados con curiosas vestimentas de color lila, los Misak o conocidos popularmente como Guambianos. Los Misak son una comunidad muy bajita que practican la endogámia étnica y viven a las afueras de Silvia. Su lengua es el wam por lo que deduzco que serán llamados guambianos.

El primer contacto con ellos es el abarrotado mercado que atrae a turistas, curiosos y compradores y donde podemos ver la diversidad de productos que ofrecen desde frutas a hortalizas pasando por productos cárnicos y textiles. Son su forma de vida y es digno de ver. Lucero y Maru han comprado algún producto pero yo me mantengo en mi posición de curioso mientras contemplo a los Misak desde la parte de atrás de mi cámara. No les gustan las fotos así que tengo que ser discreto y apuntar con mi objetivo a larga distancia.

Al salir del mercado nos hemos encontrado con un guía, Fredy Vargas fredyturismosilvia@yahoo.es, que nos ofrecía sus servicios para conocer el poblado guambiano. Hemos aceptado (15000 pesos) y nos ha llevado en coche al poblado Misak. Nos ha amenizado la visita con su alegría y con el Changuar (bebida típica de la región que contiene aguardiente y, en este caso, piña) que según él: acelera los latidos, evita los quejidos y transtorna los sentidos.

Dulce licor, bello tormento. ¿Qué haces ahí? Hecha pa’ dentro

Nos ha explicado parte de su forma de vida como su propia lengua, su religión, sus relaciones entre ellos y con el exterior, el consejo del cabildo, sus propias leyes, etc. Hemos escuchado el himno guambiano en boca de unos niños que nos han cantado a cambio de galletas. Hemos visitado la montaña de Santiago, la Peña y el pueblito. Nos hemos remojado en un río de aguas negras lleno de minerales y nos hemos puesto las vestimentas típicas de los Misak. ¿Qué más se puede pedir? Desde luego, ha sido una gran experiencia.

Al llegar a Popayan, sólo nos quedaba cenar y hacer unas cervezas con Maru para alegrar la velada antes de irse a dormir.

¡Uwanwa, mucharrá!


Al Cauca: El Tambo y Popayán

7 septiembre 2009

Muy apenados y casi sin mediar palabra nos hemos despedido de Carlos y de su madre, Gloria. Hemos salido de Jamundí en un microbus, llamado comúnmente como lechero (10000 pesos), dirección Popayán donde nos hospedaremos en casa de la familia de Maru junto con Lucero. Desde allí haremos varias rutas a los alrededores. Cada para que hacía el autobús, unos cuantos alegres y divertidos vendedores ambulantes subían para ofrecer sus productos. A destacar, los culebreros que son vendedores de brebajes “milagrosos” que según ellos curan desde la epilepsia, el vaginismo o cáncer a un precio supereconómico.

Una vez llegados y de camino a la casa he podido conocer algo de Popayán. Se encuentra entre la cordillera central y la occidental y es la capital del departamento del Cauca. Se le conoce como ‘Ciudad Blanca’ pero a simple vista parece un pueblo ya que tiene sólo 300.000 habitantes. Aunque es pobre y se ha desarrollado lentamente desde el teremoto del ’83 es, sin duda, una ciudad bonita, muy religiosa y colonial. El tráfico es horrible y tenemos que ir con mucho cuidado al cruzar la calle.

Hemos llegado a la casa donde nos ha recibido Lucero. La casa es muy grande, con muchas habitaciones alrededor del un claustro precioso. Estaremos muy bien alojados. Hemos dejado las mochilas con la intención de ir a visitar la finca de Ricardo, un familiar de Maru, en El Tambo, a 33km de Popayán. Nada más llegar al pueblo (3500 pesos), Ricardo nos esperaba en su ‘willis’ para poder ir a la finca. Aunque esta vez hemos tenido mucho espacio dentro, el camino era muy angosto cosa que lo ha hecho divertido. Cuando hemos llegado a la finca, nos esperaba una comida suculenta donde el plato principal eran los tamales. Los tamales es una especialidad de Popayan, heredado de los indígenas, consistente en una masa de maiz cocida y patata amarilla con otros ingredientes y cocinada dentro de una hoja de plátano envuelta. Delicioso. Después de comer hemos podido conocer los alrededores de la finca, los prados, el ganado, los cafetales y dos cosas a destacar.

La primera, ha sido el probar la rica guayaba cogida directamente del árbol. Yo ya había oído decir que la mayoría de laas cosechas de esta fruta vienen con inquilinos dentro. Lo que Maru llama ‘vitamina G’ yo lo llamo ‘nuncamasvoyacomerguayaba’. Ni siquiera en zumo. Ya no puedo tomarlo sin dejar de pensar en los gusanos que habitaban mi guayaba mientras me la comía. No quiero ni imaginar la de gusanos que habrán pasado a mi aparato digestivo. Y pensar la de productos que existen aquí en los que utilizan guayaba… En fin. Supongo que soy un urbanita.

La segunda, ha sido conocer un reciente hallazgo en la zona. Se han encontrado una ‘pailas’ en el mismo río donde las indígenas daban a luz y limpiaban sus bebes recien nacidos. Algo curioso de ver.

Hemos vuelto al pueblo de El Tambo para poder caminar por sus calles mientras nos tomabamos un helado de coco. Es un pueblo pequeño y bonito, nada turístico. Imagino que alguna de las razones será la presencia de la guerrilla y paramilitares por los alrededores del pueblo, aunque nosotros no hemos tenido ningún problema.

Al volver a Popayán, hemos tenido tiempo para dar una vuelta por la ciudad y he podido conocer algo de ella: la Iglesia de San José, la plaza de Caldas con la Torre del Reloj (símbolo de Popayán), La Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, la Ermita, la iglesia de Santo Domingo y la de San Francisco, el Hotel Monasterio, el Puente de los Humillados…