En Quito, de aquí para allá

18 septiembre 2009

Uno de las cosas que quería evitar en mi viaje era conocer las grandes ciudades por los miedos que te mete la gente en el cuerpo: son peligrosas, cuidado, no te fies de nadie, la burundanga, la mochila delante, no saques la cámara aquí, este barrio es chungo… Es la incomodidad de visitarlas. Llevo tiempo mirando a mi alrededor para controlar la situación y a todo aquel que se me acercara. Esa forma de actuar se ha acabado. Y no es porque deje de estar alerta, igualmente lo estoy pero de forma inconciente como si ya formara parte de mí, como si tuviera un radar. Cosa que me hace disfrutar más de todo aquello que veo porque no es como lo pintan. Puedo decir que Quito es una ciudad preciosa y segura.

Me he sentido relajadao y he decido caminar por toda la ciudad. Mientras caminaba hacia la avenida Amazonas, me he visto con alegría y paso firme, tarareando para mí una de las canciones (con una pequeña particularidad) que recordaré de mi estancia en Cali, ‘Yo no te pido la luna‘. Mis amigos caleños sabrán de qué hablo.  He llegado al parque la Carolina, un inmenso parque para relajarse, hacer deporte y relacionarse con la gente. Ya, de vuelta he contratado en una agencia de viajes mi visita a la selva amazónica. Mi intención era hacerlo con Native Sun Tours pero por incompatibilidad de fechas al final lo he hecho con la agencia Tierra de Fuego para el 25 o 26 de septiembre por el mismo precio (240$ + 20 entrada a la reserva + 3 visitar la tribu). Una vez contratado, he subido caminando hasta que un autobús gratuito me ha recogido para llevarme directo al TeleferiQo. El TeleferiQo cuesta 8$ para turistas y lleva a lo alto de una ladera entre la Cruz de Loma y el volcán Pichincha cuya última erupción fue en el 2003. Las posibilidades al llegar arriba, a parte de la gran vista de las montañas y de la ciudad de Quito, son las de montar a caballo y las de hacer grandes caminatas por varios senderos. En uno de ellos he conocido a Claudio, un peruano que lleva un mes de viaje como yo pero en dirección contraria. Hemos charlado un buen rato y es magnífico saber las experiencias que otros mochileros pueden ofrecer, sobretodo si se trata de su pais natal, Perú, el próximo que yo visitaré. También es bueno intercambiar emails y saber que puedes contar con ellos para cualquier cosa. De vuelta a la ciudad hemos coincidido con una batalla campal entre antidisturbios y estudiantes de la Universidad Central de Ecuador. Hemos visto volar piedras a montones y botes de gas lacrimógeno de un lado para el otro. Ha sido impactante pero desconocemos las causas.

Ahora, desde el hotel voy a intentar quedar con Claudio para tomar una birra por el Mariscal que, aunque tiene mala fama de noche, en verdad no lo es tanto ya que hay mucha seguridad y mucho turista. A vuestra salud.

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En la Mitad del Mundo

17 septiembre 2009

Me he despertado con el sol que entraba en la habitación y el ruido de los coches y las palomas. Parece que ha llovido de madrugada pero he aprovechado que hacía buen tiempo en ese momento para visitar la Mitad del Mundo al norte en las afueras de Quito.

Seguramente haya una forma más rápida de llegar pero yo no he sabido encontrarla. Menos mal que he conocido a un estudiante ecuatoriano, Esteban, que me ha echado un cable. Aun así me ha supuesto un trolebús, dos metrobús y uno específico para la Mitad del Mundo (en total 0,65$) eso sí, mochila por delante para evitar que se repita lo ocurrido en el Transmilenio de Bogotá.

El monumento que se alza señalando la latitud Norte 0º0’0” es enorme y data de los años ’30. En el interior se encuentra una exposición de cultura y arte popular ecuatoriano. Existen, también, varias exposiciones en el mismo recinto de insectos, de arte, de ciudades en miniatura y, sobretodo, de cómo se ha intentado calcular el Ecuador a lo largo de la historia. Lo más gracioso de todo es que a pesar de todos los estudios geodésicos y de haber alzado tal monumento es que los datos son erroneos. Los sistemas GPS de hoy en día pueden asegurar que el ecuador está desplazado a 250 metros del monumento. Allí he conocido a un argentino, Damian, que llevaba 7 meses de mochilero y me ha explicado muy buenas anécdotas y algunos consejos. Es posible que nos veamos de nuevo en Latacunga.

He decidido contratar un guía con Calima Tours (algo caro) para ir a visitar la zona cerca de la Mitad del Mundo. Fernando, me hace saber que el ecuador pasa por una pequeña montaña llamada Katikilia donde el GPS marca realmente 0º0’0”. Ya la cultura Kitu (sol recto en lengua tsafiki) tenían su observatorio lunar en ese mismo punto hace 1200 años. Hemos seguido caminando hasta llegar al crater del volcán Pululahua, el único (creo) crater activo habitado. La mitad es zona virgen y la otra forma parte de un poblado. Ha sido impresionante ver como utilizan la fertilidad de la ceniza volcánica para tener sus ciltivos y como utilizan un sistema de condensación de la calima para conseguir agua. A simple vista y desde lo alto se podía ver que no es un poblado de fácil acceso cosa que a ellos ya les parece bien porque prefieren estar aislados, sin comunicación. Después de contemplar las vistas del cráter desde lo alto, Fernando, ha hecho un ritual de lo más espiritual. Después me ha explicado gran cantidad de costumbres ancestrales respecto al espíritu, al sol y la tierra. Una charla de los más espiritual que entre otras cosas decía algo así:

La única curación verdadera es la curación del alma. Hay que sentir amor. Sacar las cosas negativas que nos dañan y dejar fluir la energía positiva, llenarse de paz para ser mejor persona.

De vuelta he querido visitar de nuevo el Parque del Ejido pero estaba en obras. He pululado por las calles de El Mariscal y el casco antiguo hasta llegar al hotel para poder descansar.


Desvirgando Quito

16 septiembre 2009

He cogido un autobús en Otavalo y me ha dejado a las afueras al norte de Quito (2$) donde he cogido un taxi para que me llevara al casco antiguo de la ciudad (6$). Era excesivo y podría haber ido en transporte público pero prefería que llevara todas mis pertencias directamente al hotel. Grand Hotel se llama y no es porque sea gran cosa pero grande sí que es. Al menos está bien situado y tengo cama y una ducha comunitaria con agua caliente (6,5$).

Como diría mi amigo Santi, mi primera intención ha sido ‘desvirgar’ Quito. Cuando él dice eso se refiere a echar un primer vistazo a una ciudad sin detenerse demasiado. Pues bien, he empezado mi ruta según la Lonely Planet en la Plaza Grande donde puedo contemplar la Catedral, el Palacio Arzobispal y el Palacio del Gobierno. He ido a mis anchas y he he hecho fotos a discreción ya que he visto que en el casco antiguo hay mucha seguridad, está lleno de policias, dos en cada esquina. He continuado el recorrido: iglesia de la compañía de Jesús, el monasterio de San Francisco situada en la plaza del mismo nombre donde he almorzado, el callejón de la Ronda, la iglesia y la plaza de Santo Domingo, el monumento a Simón Bolivar y el parque de la Alameda con el observatorio de Quito. Cuando estaba llegando al parque del Ejido y el del Arbolito ha empezado a llover fuerte y no he podido seguir la ruta. También es mala suerte. He vuelto al hotel para descansar.