La Mamá Negra

23 septiembre 2009

Si bien dije en el algún momento que en Latacunga no hay mucho que ver y hacer, no es así el día 23 y 24 de septiembre. Es el momento del equinocio y de la fiesta de la Mamá Negra. Toda la ciudad alegre y con ganas de pasarlo bien se unen a decenas de comparsas que salen a recorrer las calles principales.

Cada comparsa, llevada por familias devotas en general, se compone de varias cosas. La primera es el abanderado que no es más que un hombre que lleva a sus hombros la bandera de la virgen al frente y detrás un cerdo rodeado de conejos, pollos y cuys (conejillos de indias), todos muertos y limpios, cubiertos de botellas de licores de banderas del país. La segunda trata de dos personas, generalmente hombres, vestidas de virgen con una especie de flagelo en una mano y en la otra una bolsa y son encargadas de guiar a la comparsa. La tercera parte son un grupo de chicos y chicas con bonitos atuendos que, incansables,  bailan danzas típicas del Ecuador al ritmo de la banda musical, la cuarta parte. Por otro lado, hay amenizadores que van de aquí para allá como los que van disfrazados de mamá negra encima de un caballo y mojando a la gente, otros que ahuyentan los malos espíritus y otros que van dando de beber a la gente de la calle como han hecho conmigo y que, por mis malestares, no he podido aceptar.

En un momento del recorrido rinden honores y culto a la Santísima Virgen de la Merced a quien está dedicada la fiesta y cuya festividad es mañana. Eso me hace recordar que la Mercè es también la patrona de mi querida ciudad, Barcelona, y estoy seguro que mis conciudadanos estarán disfrutando de las fiestas con sus buenos conciertos, las birras, las risas y la buena compañía. Cómo me gustaría poder teletransportarme en este momento.

Al final del recorrido, las comparsas paran en lo alto del mirador para reponer fuerzas con comida y mucho alcohol. Con hambre y sed y olvidándome de mis males me uno a su comilona: fritada de cerdo con pure de patatas frito y un poco de licor que me ofrece la gente.

Me escapo un momento de la fiesta para reponerme, con algunos remordimientos, con mi suero y así aprovechar para escuchar online al grupo cómico Poca Broma en Ona Mar Badalona como cada miercoles de 21:00 a 23:00 (hora española). Pero al parecer se han añadido a la festividad de la Mercé y no han hecho programa, malditos. Un saludo para ellos y también al grupo de teatro Titania. Os echo de menos.

La fiesta ha continuado toda la tarde hasta la llegada de los castillos (fuegos artificiales) sin que falte la bebida y continuará mañana pero yo estaré de viaje hacia Lago Agrio para el 25 adentrarme en la selva amazónica por cinco días. Por ahora disfruto de la alegría que se respira en las calles de Latacunga. Salut i bones festes de la Mercè.

(NOTA:  si no puedo meter entrada mañana, no lo podré hacer en una semana)


El inalcanzable Cotopaxi

22 septiembre 2009

Hoy me he levantado descansado y con ganas de hacer cosas aunque siga con mis problemas intestinales. Me llevaré el suero en mi visita al Parque Nacional Cotopaxi.

Me ha costado 1$ que un autobús me dejara en la Panamericana, lo más próximo a la entrada principal del Parque Nacional Cotopaxi, el control Caspi. Allí mismo un hombre, Víctor Olalla, me ofrecía un tour por el parque por 45$, dinero que no me he podido permitir pagar teniendo en cuenta que además hay que pagar 10$ por entrar. Después de mucho meditar, hemos acordado que me subiera hasta el restaurante, a 20km, por 10$ donde me ha alquilado una bicicleta de montaña por otros 10$.

He comenzado el ascenso desde los 3800 metros de altura con la idea de llegar al refugio Jose Rivas a 18km cuesta arriba (4800m) y a los pies del volcán activo Cotopaxi, la segunda cima más alta de Ecuador (5900m) que ha hecho desaparecer Latacunga en tres ocasiones, la última en 1877.  A cada pedaleada he notado que me faltaba cada vez más el oxígeno y me fatigaba a menudo. El inicio es algo desértico y me he encontrado sólo ante la subida. En ocasiones, algún 4×4 subía y algunas agencias cargaban bicicletas y clientes para así poder descender el Cotopaxi. Maldita la hora de haberlo sabido. A medio camino, casi sin fuerzas, sin aliento, haciendo frío, viento, lloviznando y el Cotopaxi oculto tras las nubes me daba cuenta que era absurdo continuar subiendo y me quitba la idea de seguir subiendo.

Todo lo que sube tiene que bajar y así lo he hecho a la velocidad que me ha permitido la bicicleta. Sencillamente ha sido legen… (espera)… (espera)… dario. De vuelta he podido ver la pequeña laguna Limpiopungo. He continuado bajando, con la esperanza de que la lluvia no fuera a más, hasta el restaurante donde casualmente estaba Víctor Olalla al cual le he podido devolver la bicicleta.

Cuando ya creía que volver a la Panamericana me iba a costar otros 10$, el buen hombre me los ha perdonado con la condición de invitarle a un almuerzo (2$) y yo encantado. Es más, me ha llevado hasta Latacunga ya que él vive allí. ¿Qué más puedo perdir? Desde luego, hay gente buena y amable en el mundo y parece que me estoy topando con todos ellos.

Una de las cosas que un viajero solitario ha de tener en cuenta es que a veces ir por libre no es tan ideal y puede salir caro. Y no me refiero sólo al dinero sino al esfuerzo físico. Seguramente, me hubiese costado menos contratar una ruta en bicicleta con una agencia en Latacunga para hacer sólo el descenso. Pero, en definitiva, por agencia o no, ninguno ha podido ver el Cotopaxi en todo su esplendor. Yo, sin embargo, no habré subido a lo más alto pero he podido disfrutar del camino y de la belleza que eso conlleva.


Pachucho en Latacunga

21 septiembre 2009

Hospedarse en Chugchilan ha sido un lujo comparado con anteriores hospedajes en los que me he alojado. Chugchilan es inicio de más caminos de la ruta Quilotoa pero yo la he querido terminar aquí. Lo malo de querer marchar de este poblado es que el último autobús del día es a las 4:00 de la mañana. Al menos, me ha sorprendido un precioso cielo estrellado.

He llegado a Latacunga a las 7:30 por lo que todavía no me pueden afrecer un hospedaje así que voy a desayunar. Mi idea era partir al Parque Nacional Cotopaxi pero debido al mal tiempo he preferido quedarme en esta ciudad de relax y paseo.

Al final, he conseguido habitación en la residencia Santiago (6,50$) y he descansado unas horas. Lo cierto es que no me encuentro muy bien, tengo agujetas y descomposición. Ha sido momento de estrenar el botiquín. Por contraindicaciones no puedo tomar loperamida así que me he decidido a prepararme un suero bebible. Necesito rehidratarme y tomar sales y azucares. Si en dos días no se me ha pasado, haré uso de mi seguro médico. No me gustaría ir a la selva amazónica con este malestar. Lo cierto es que con la de cosas que he bebido y comido, ya estaba tardando en aparecer este problema. Según las indicaciones, se ha de ingerir comida astringente… pero si no paro de comer arroz… Creo que evitaré tomar zumos que no creo que estén hechos con agua embotellada.

Me he decidido a visitar la ciudad en una larga caminata vespertina. Ver el mercado lleno de zapaterías, la plaza llena de frutas y verduras, la plaza Chile llena de puestos para comer fritada, la iglesia del Salto con el olor a incienso y velas, el parque Bolivar, la catedrar, el Ayuntamiento, el precioso parque Vicente León y el rio Cutuchi.

Por hoy no he hecho mucho más. Es mejor que descanse con la esperanza de encontrarme mejor mañana. Necesito mimos, snif, snif.