Ingapirca, Muro del Inca

7 octubre 2009

Hoy ha habido tregua con el tema del paro y ha sido posible visitar Ingapirca y así lo he hecho. He cogido un autobús (5$ ida y vuelta) para poder visitar después de 2,5 horas las ruinas incas más importantes del Ecuador que son administradas por la comunidad cañari, los cuales por los 6$ de la entrada hacen de guías turísticos.

Ingapirca quiere decir en quichua Muro del Inca y aunque no fue su nombre original, es conocido por éste. Los incas, en su afán por conquistar (cosa que les duró bastante poco por la llegada de la avaricia de los españoles) llegaron a tierras cañaris conquistándolas y edificando en los mismos poblados. Es por eso que pueden verse construcciones de ambas culturas. En estas excabaciones se pueden encontrar numerosos hogares con puertas trapezoidales y nichos de la misma forma para colocar ofrendas, habitaciones utilizadas para bodegas y alimentos, calles, acueductos, etc. Los cañaris utilizaban piedras sin tallar pero a medida que uno se acerca a la parte inca se puede observar la aportación de la piedras talladas colocadas la una con la otra con una especie de barro.

En la zona de más jerarquía se encuentra la construcción más importante de esta área, el Templo del Sol, donde las piedras están perfectamente talladas y superpuestas ordenadamente sin argamasa ninguna. Parte es original y pare está reconstruida. Está ubicada en la parte más elevada con una alta forma elíptica encima de una roca. La parte alargada va de este a oeste, es por eso que se cree que se utilizaba como rituales al sol. También se dice que se utilizaba como lugar estratégico-militar o como centro administrativo pero muchas son las hipótesis de los numerosos cronistas y lo cierto es poco se sabe de este lugar ya que muchas riquezas desaparecieron por saqueadores y también por la reutilización de estas piedras para hacer otras construcciones.

A la entrada hay un pequeño museo pero no deja en claro nada de aquella época. Solamente se puede admirar las construcciones e intentar imaginar cómo vivían en aquella época, cómo se organizaban, cómo hacían sacrificios y cómo hacían adoraciones al sol. Uno puedo sentirse como Lara Croft en en el juego de Tomb Raider y buscar palancas para entrar en compartimentos secretos que nunca encontrará.

De vuelta en Cuenca, poco podía hacer más que pasar el resto de la tarde haciendo cosas cotidianas como pasear, observar a la gente de la calle y de los negocios, comer un bocadillo, comprar mi primer número de lotería en Sudamérica y compartir mi experiencia del día con mi gente escribiendo en el blog que estás leyendo ahora mismo.


Cambio de planes

6 octubre 2009

El ‘paro’ me ha hecho cambiar de planes. La idea de hoy era ir a visitar por la mañana las ruinas incas de Ingapirca a 80km al norte de Cuenca pero la carretera está cortada por los indígenas y es imposible visitarlas. Otro plan sería ir a visitar el Parque Nacional de Cajas donde, al parecer, hay unas hermosas lagunas y buenos caminos para hacer treking pero como toda reserva del Ecuador hay que pagar para entrar y la verdad, tengo otras prioridades, económicamente hablando.

Así que mi plan de hoy ha sido caminar una vez más por las calles de Cuenca para ver todo aquello que no vi ayer: la Casa de la Mujer donde se venden artesanías de todo tipo como sombreros, figuras de cerámica y madera, instrumentos, textiles, etc. que si, por nombre, alguna vez los artesanos eran mujeres, ahora no es del todo así; la plaza de San Francisco donde un gran mercado la ocupa; el mercado 10 de agosto donde se venden todo tipo de productos alimenticios y donde se puede comer junto si a uno le gustara el bullicio.

He preferido almorzar en otro lugar y comido, entre otras cosas, un tamal pero he de decir que no tiene nada que ver con los ricos tamales que probé en Popayán, Colombia.

Después, he cogido un autobús hacia el Turi, un mirador a las afueras de Cuenca para poder contemplar la ciudad. Me ha dado tiempo para aislarme y me he agobiado al pensar que dispongo de poco tiempo para poder ver todo aquello que quiero ver en Sudamérica. Mientras le daba vueltas al asunto y hacía cálculos, he vuelto a la ciudad. Divagando todavía, he paseado por la calle la Condamine donde en lo alto de unas escaleras con vistas al río Tomebamba me he dispuesto a hacer un alto en el camino y mirar el mapa de Cuenca dando ‘papaya’ (haciendo el guiri). De repente, un chico se me ha acercado por detrás marcándome un objeto punzante en el costado. Asustado, le he apartado de mí y he caído en la cuenta, mientras el chico se reía, que el objeto punzantes no era más que una llave. Al parecer, a él le ha hecho mucha gracia mi reacción, cosa que a mí no tanto. Por la pinta que tenía, imagino que en otras ocasiones no lo hace en broma.

Es increíble que cuando uno se siente mal y piensa en cosas negativas no hace más que atraer, sin quererlo, otras cosas negativas. Cosa que aprendí de la undécima revelación.

Algo más tranquilo, me he vuelto a la zona más turística para pasar la tarde. ya no tengo mucho más que ver por lo que me he metido una vez más en la Catedral Nueva. Casi toda mi gente sabe que no creo en Dios ni mucho menos en la iglesia pero he de decir que es un buen sitio en el que se respira paz y buena energía en el ambiente. Sin lugar a dudas, es un buen lugar para meditar sobre mi viaje. Y como me caracteriza, me he venido arriba recordando una de las frases que dice Fujur en ‘La historia interminable’:

¡Adelante! ¡Siempre adelante!

Y ¡para arriba! ¡Siempre arriba!


Bonita ciudad es Cuenca

5 octubre 2009

Cuenca es una ciudad presiosa que se encuentra en un valle a 2500 msnm, tiene 400.000 habitantes y l atemperatura oscila de 14 a 18ºC durante todo el año. En 1999 fue nombrada Patrimonio Cultural de la Humanidad y es que en el centro colonial se encuentran iglesias de gran belleza arquitectónica, arqueología, artesanía, mercados…

Me he dedicado a pasear por todo el casco antiguo: la catedral nueva en la que he entrado y me ha parecido preciosa, el parque Abdón Calderón, la catedral vieja que ahora es un museo, la iglesia de San Alfonso, el parque y la iglesia de San Blas, el museo de Pumapungo llevado por el Banco Central, el parque de El Paraiso, el paseo Doce de Abril siguiendo el río Tomebamba, la famosa Escalinata que une el río con el centro, las ruinas de Todos Santos y la iglesia de la Merced.

El único museo en el que entrado, por ser el más representativo e interesante, es el de Pumapungo (3$). En este museo se puede encontrar: una pequeña sala de arte (algo malo para mi poco entender); interesante historia sobre la numismática del Ecuador cabiendo destacar el saqueo de los españoles en tiempos de Pizarro y su posterior descontrolada capitalización; otra sala como museo etnográfico donde se encuentran todas las costumbres, vestimentas, gastronomía, festividades y creencias de diferentes localidades del Ecuador; una zona exterior donde se puede ver evidencias de restos (reconstruidos) de los Cañarí y del imperio Inca; un extenso jardín lleno de plantas y árboles para diferentes fines donde me he hartado a hacer fotos a flores; y, por ultimo, varias clases de aves costeñas, andinas y selváticas del Ecuador enjauladas.

Lo que más me ha fascinado de este museo es la parte en que trataba la mitología, creencias y costumbres de la tribu shuar (conocidos como jíbaros por los españoles colonizadores)  en el museo etnográfico. Los shuar viven en el amazonas entre Perú y Ecuador y, liderados por un Shaman, eran conocidos por ser una tribu guerrera. Por lo que he entendido, ellos creen que al morir el espíritu, Arútam (espíritu símbolo de valentía), puede ser recibido por otro ser humano. Desde niños buscan este espíritu en diferentes pruebas de supervivencia y valentía en la naturaleza. Una de las cosas por las que eran más conocidos es por el arte de reducir las cabezas humanas de sus enemigos una vez muertos en batalla en lo que se llama la ceremonia del tsantsa, aunque hoy en día no lo practican.

Cortaban el cuello y retiraban la piel desechando cerebro, ojos, huesos y partes blandas. Hervían la piel con unas hojas para evitar que se les cayera el pelo hasta que la cabeza se reducía a la mitad para después secarla. Una vez conseguido, quitaban restos de carne del interior y cubrían de aceite el exterior. Cosían los ojos y la boca dejando la cabeza como una bolsa que llenaban de una piedra o arena caliente y se le daba forma al cuero reduciendo aun más la cabeza para posteriormente retirar el contenido y teñir la piel de negro. Así encerraban al espíritu enemigo en ellas y las exhibían como trofeos. Curioso ¿verdad? En el museo habían algunas cabezas pero no se podía hacer fotografías. Imagino que a alguno le vendrá a la mente la famosa escena de Beetlejuice (Bitelchus).


Mirando a Cuenca

4 octubre 2009

Me he despertado tarde, 11:00. Al menos necesito dormir unas 8 horas y está noche pasada más qu enunca para descansar del ejercicio hecho ayer.

He quedado con Simón para ir a las termas sin caer en la cuenta de que era domingo. Estaba repleto de gente así que lo hemos dejado correr. Me he despedido de Simón y, antes de ir a la terminal, me de despedido de Iván, el italiano.

Mi próximo destino es Cuenca pero primero he de hacer transbordo en Riobamba. Una hora después he llegado allí y he recibido la mala noticia de que el ‘paro’ (huelga) ha cortado la carretera principal y el autobús se ha de desviar hasta Guayaquil y después a Cuenca convirtiendo un trayecto de 6 horas en 10 con el encarecimiento del billete que eso conlleva. Ya había oído la noticia del ‘paro’ y la verdad es que me extrañaba que no me hubiera afectado todavía con los transportes.

Este ‘paro’ es probocado por los indígenas que han parado las carreteras para manifestarse, creo que entre otras cosas por lo que sé, contra una ley de privatización de aguas ya que es un bien de todos. Éstos son apoyados por maestros que llevan en huelga un par de semanas por las nuevas reformas de educación. Al parecer están dialogando y no sé como están las cosas.

He llegado a la terminal a las 23:00 y me disponía a ir caminando hasta el hotel pero me han alertado que Cuenca ya no es tan segura como antes y he decidido coger un taxi hasta el hotel Pichincha, un hotel grande y barato (5,50$) con agua caliente y habitaciones limpias. Mañana vitaré la ciudad.