De Ecuador a Perú

10 octubre 2009

Al final el autobús ha salido a las 11:30 y no a las 14:00 como dice la Lonely Planet. Los autobuses salen de la oficina de Tranportes Ormeño cerca de la terminal terrestre. Antes de subir al autobus me he comprado un sandwich, o sanduche como dicen aquí, de pollo en el KFC, la única venta de comida que había a mi alrededor. Lo curioso y que deberia haber previsto es que nada más subir al autobús nos han dado de almorzar. También or la noche nos han dado de cenar, todo incluido en el precio a Chiclayo (40$). Más comida para mi barriga.

Me dirijo a Chiclayo, Perú, por la Panamericana por el paso fronterizo entre Huaquillas y Tumbes. Lo bueno de viajar con esta compañía es que no tengo que hacer cambio de autobuses como hice de Colombia a Ecuador. Al salir del país he sellado la salida y he entregado  una tarjeta que me dieron al entrar en Ecuador y que ni siquiera me dijeron que tenía que conservar, cosa que hice por sentido común. Al entrar en Perú, ha habido un tipo que ha querido agilizarme el trabajo por un precio simbólico pero teniendo en cuenta que hasta que no estuvieran listos el resto de psajeros no nos íbamos a marchar, no tenía ningún tipo de interés por agilizar nada. Por otro lado siempre es recomendable dirigirse personalmente a las oficinas oficiales de migración. Cómo voy a estar un mes, me han sellado con permiso de dos meses, tiempo suficiente para ver los lugares más representativos de Perú. Ojalá pudiera visitarla más a fondo.

He llegado a Chiclayo unas 16 horas después (3:30), mi viaje más largo hasta el momento, y me he hospedado en el hotel Cristian cerca del centro por 25 soles. Estoy cansado y en el Autobús no he dormido mucho.


El 9 de octubre por la ‘9 de Octubre’

9 octubre 2009

El 9 de octubre de 1820 es el día que Guayaquil obtuvo la indendencia del yugo español planeada días antes en la conocida reunión ‘Fragua del Vulcano’ y, como no iba a ser de otra forma, hoy están de fiesta en Guayaquil. Varias comparsas que visten motivos militares hacen sus pertinentes coreografías y melodías desde el parque del Centenario hasta el Malecón 2000 y todo el mundo sale a la calle para verlo. Una vestimenta es parecida a la que una vez yo utilicé para una obra de teatro aunque seguro que para fines diferentes. Una de las melodías más significativas es la de ‘Guayaquileño, madera de guerrero‘. Es tiempo de fiesta, actividades y disfrute en esta gran ciudad y así seguirán los próximos días empalmando con otras festividades como el ‘Día de las Razas’ (Hispanidad en España) el 12 de octubre.

Después de estar entre tanta multitud de gente que, por cierto, hay mucha gente que lleva camisetas del Barça, he aprovechado para adentrarme en otras calles. He podido conocer la Catedral de Guayaquil que se alza preciosa alrededor del parque Bolivar, conocida como el parque de las iguanas por haber decenas de ellas sueltas por todo el recinto. Son muy sociables y se dejan tocar por niños y adultos, se suben a los árboles, comen lechuga y se pasean entre la gente como si nada.

He caminado hacia el otro lado de la calle 9 de Octubre, hacia el oeste. Al final de todo, hay otro bonito malecón. El malecón del Salado se encuentra bordeando al río y en el paseo se puede encontrar varios puentes, restaurantes, bares, exposiciones y bonitos jardines. Es digno de ver.

El sol de hoy ha sido abrasador. Me ha tocado bastante y he aprovechado para descansar y mirar por internet que no me tocó la lotería.

De vuelta a la calle he ido al Malecón 2000 donde me he encontrado a rafael Correas, presidente de Ecuador, haciendo un discurso para los ciudadanos de Guayaquil con alavanzas hacia ellos y donde no han faltado comentarios a la actitud de las huelgas de profesores e indígenas.

Allí mismo he conocido a Gustavo, un curioso guayaquileño de 17 años que pasaba por allí que se me ha acercado y se ha convertido en mi compañía en lo que restaba de día. La verdad es que llevaba una semana sin compartir cosas con nadie y, aunque no era muy hablador, ha sido muy grata la compañía. Hemos contemplado los fuegos artificiales, teatro en la calle y yo me he tomado una Pilsener en las Peñas mientras un ecuatoriano tocaba una melodía andina con instrumentos de viento. Dicha melodía me relajaba mientras pensaba que aquí termina otra etapa en mi viaje y empieza otra, Perú.


Guayaquileando

8 octubre 2009

Hay dos formas de ir a Guayaquil, la rápida y la lenta. Yo escogí la lenta. He tardado 6 horas en llegar a la terminal de Guayaquil por la ruta más larga y es que, aun sabiendo que podía pasar, no caí en la cuenta. Además de larga hay muchas curvas pero parece mentira que ahora sea capaz de resistirlas.

Como primera curiosidad diré que una de las cosas que me caracterizan es que siempre he de dormir en un vehículo cuando voy de pasajero o si no me mareo. Esto ya no me pasa y no es porque las carreteras de Ecuador sean precisamente de lo mejor pero de alguna forma me he vuelto inmune. La segunda curiosidad es la que me produce la presión atmosférica y no hablo del soroche sino de mi botella de agua. Cada vez que bajo de los Andes a una altura pequeña me encuentro la botella de agua chafada, imagino, sufriendo la nueva presión.

Volviendo al tema, he llegado a la última ciudad de Ecuador que visitaré, Guayaquil, donde he cogido un taxi oficial, es más caro pero es seguro, hasta el centro por 5$. El señor ha hecho negocio conmigo. Me he hospedado en el hotel Montesa por 12$. Es un poco caro pero la habitación no está mal y no pienso estar más de dos noches.

La calurosa Guayaquil, situada en la costa del Pacífico, es la ciudad más grande de Ecuador con 3,4 millones de habitantes y eso se nota por el tráfico, las calles anchas y edificios grandes y el tumulto de gente yendo de un lado para otro.

He paseado por la avenida 9 de octubre desde el parque del Centenario hasta el Malecón 2000, un extenso paseo que bordea el enorme río Guayas que parece más un mar y es que diría que entra agua del Pacífico. Por un momento me he teletransportado a varias partes del mundo. Primero me he sentido como si paseara por Barcelona, bajar las Ramblas hasta el paseo Colon seguido del Maremagnum, la Barceloneta, el Port Olímpic, la Nova Icaria y, como vistas al agua, el Cuerno de Oro de Estambul. Ya sé que es mucho imaginar pero me lo merezco. Como en las ramblas, en este paseo me he encontrado estatuas vivientes, caricaturistas, pintores y amenizadores y hacen varios tipos de actividades como conciertos y otros espectáculos. Al final de paseo está la famosa Escalinata que sube por las Peñas al Cerro de Santa Ana por 444 escalones hasta un faro y desde donde se puede ver la magnitud de la ciudad. En las Peñas hay una gran variedad de preciosos locales en construcciones bien coloridas para tomar algo y rumbear pero, al parecer, cerca de mi hotel hay unos cuantos también aunque no tan bonitos.

Por la noche he vuelto a subir al faro y es que es del todo seguro llegar ya que hay policías y hombres de sguridad por todas partes. Desde allí he podido ver como la ciudad tenía todas las luces encendidas, todas menos las de las casas y es que parece que todo el mundo sale a la calle al anochecer. Me he tomado una cerveza mientras escuchaba largo rato salsa, cosa que es normal porque una Pilsener es de unos 600ml.