Jujuy y la quebrada de Humahuaca

17 noviembre 2009

Después de despertarme y darme cuenta que el haberme comprado una moto y haber iniciado un viaje más aventurero por Sudamérica montado en ella  no era más que un sueño, he salido a pasear por la ciudad para visitar lo poco que tiene de atractivo Jujuy: la plaza Belgrado, la modera Catedral reconstruída varias veces por represalias indígenas, la iglesia de San Francisco y el pequeño río Xibi Xibi.

Después de todo eso, no podía irme de Jujuy sin acercarme a las quebrada de Humahuaca. Varios son las poblaciones desde donde visitarla: la pequeña Purmamarca con el cerro de los 7 colores, la bonita Humahuaca, la tranquila y más interesante pero alejada Iruya y, la que he escogido, la más visitada Tilcara (11 Ars, 2 horas). Son bonitos pueblos en los que vale la pena relajarse en ellos por un par de días pero, en mi caso, dispongo de poco tiempo y solo he pasado una tarde. También hay otros atractivos como el Gran Salar a las afueras pero seguro que, habiendo visitado ya el salar de Uyuni, la versión argentina no haría ni de lejos honor a su nombre.

Tilcara de 4400 habitantes y situada a 2500 msnm es un gran atractivo para los turistas sobretodo por la fortaleza de los antiguos indios Omaguacas en el yacimiento Pucará, la bonita caminata hasta la Garganta del Diablo con su cercana cascada y la caminata hasta la laguna de cerro Chico. A decir verdad, lo que más me interesaba era la caminata hasta la Garganta del Diablo y no es precisamente porque sea gran cosa sino porque el paseo bordeando la quebrada de Humahuaca es precioso. Diversidad de coloridos en las montañas son dignos de ver: verde, marrón, rojo, gris y amarillo entre otros. El camino de más de dos horas ida y vuelta es una fatigable y árida cuesta acompañada de grandes cactus y de un sol abrasador. La garganta del Diablo (3 Ars para la comunidad Ayllu Mama Qolla que lo administra) no es más que un surco en la roca probocado por la erosión del río Huasamayo pero es interesante asomarse con cuidado a su escasa profundidad. Desde allí se puede hacer una interesante caminata río arriba entre rocas hasta la pequeña cascada. De vuelta y habiendo cerrado el yacimiento Pucará, he marchado de nuevo a Jujuy para recoger la maleta que tenía en el hospedaje y marchar a las 20:45 a mi próximo destino, Salta (23 Ars, 2 horas). El lujo del autocar no era necesario para tan corto trayecto pero, al parecer, no hay alternativa.

He llegado a la terminal de Salta donde Jezabel esperaba para publicitar su hostal en el cual me he hospedado, El Andaluz. El hostal con habitaciones comunitarias es barato comparado con otros hospedajes (24Ars), con cocina y lavabo con agua caliente. A primera vista parece muy hippie y se respira un buen ambiente mochilero. He dejado las cosas y me he dedicado a la tertulia con los compañeros antes de ir a tomar algo con ellos al Barry Gómez. La estancia promete. Más tarde de la una de la madrugada me he ido a dormir y he estrenado mis tiras nasales. Espero que funcione aunque no creo que mis ronquidos hagan más ruido que el que hace el ventilador… o tal vez sí.


Jujuy, una ciudad moderna

16 noviembre 2009

Me he levantado minutos antes de que se acabara el tiempo para el desayuno. Me ha costado afeitarme la barba de un mes que llevaba ya que aquí hace más calor y se me empieza a hacer insoportable. Duchado y con mi cara de niño sin un pelo en la cara, he salido a la calle. El día de hoy pensaba dedicarlo a hacer el perro pues quiero recuperar fuerzas para hacer alguna salida por los alrededores de Jujuy. Por lo pronto, he actualizado el blog y chateado como hacía tiempo que no hacía y he paseado por la ciudad.

Jujuy es una pequeña ciudad de 280.000 habitantes, se encuentra una altura de 1200 msnm, y es moderna por lo que no se ve n rastro de la época colonial. Desde que he entrado en Argentina he notado el cambio de acento y vocabulario con palabras como ‘boludo’, ‘xegaste’ y la utilización del voseo. No debe confundirse con cantar canciones de Miguel Bosé cosa que me recuerda la escena de teatro ‘Amante bandido‘ que interpreté en ‘Full Monty’ con mi querido grupo de teatro amateur ‘Titània’. Un beso para vosotros.

Teniendo en cuenta que Jujuy tiene lo que toda ciudad puede desear, hay que destacar un gran cambio de civilizaciones entre Bolivia y Argentina. La gente indígena convive con la de raza caucásica pero todos visten con ropas de marca modernas haciendo acopio de un consumismo inculcado que sin quererlo entró un día en sus vidas. Otra curiosidad que he apreciado es que donde antes las artesanías eran lo más barato del mercado ahora son lo más caro y atractivo. También se empieza a notar el cambio de país a uno más desarrollado, más al estilo europeo. Grandes supermercados nacionales y otros internacionales como el Carrefour, que no veía desde las grandes ciudades de Colombia (y eso que Jujuy es bastante pequeña), servicios que no veía en otros países y, sobretodo, puedo decir que he conseguido en una farmacia las dichosas tiritas para poder respirar mejor por la nariz. Espero que funcionen cuando duerma en alguna habitación comunitaria.

No he podido evitar comer un bocadillo en un restaurante de comida rápida. El bocadillo de lomo era con un pan decente, un queso decento, un jamón decente, un huevo decente… y todo lo decente que a mi me pueda parecer teniendo encuenta que soy de España y ese bocadillo era al más puro estilo del ‘Chivito de Oro’, bocadillería de Sants, mi querido barrio de Barcelona.

Llevo todo mi viaje queriendo encontrar un libro para leer. Pero no un libro cualquiera, como se huviera conformado otra persona, sino uno que me recomendaron hace un par de años. Tenía que ser ese y no otro y hasta que no lo encontrara no pararía. En ninguna librería de Sudamérica a sido posible pero una en Jujuy llamada ‘Rayuela’ no podía decepcionarme. Me ha recordado a la bachata de Juan Luis Guerra, ‘Burbujas de amor‘, la cual está basada en ese libro de Julio Cortázar. Me he dirigido para allá aunque tristemente no lo tenían pero me han indicado en qué librería podría encontrarlo. Y así es como he conseguido el dichoso libro de Carlos Castaneda, ‘Las enseñanzas de don Juan’ un libro que, sin duda, dará un toque de conocimiento espiritual que se sumarán a otros conocimientos que estoy adquiriendo en mi viaje: geográfico, cultural y social.

Antes de volver al hospedaje para empezar mi nuevo libro, me he comprado un helado en una concurrida heladería de la calle más comercial de Jujuy, la calle Belgrano. He caído en la cuenta que nunca compré helados a los vendedores ambulantes a lo largo de mi viaje y eso que costaban cinco veces menos. ¡Sí! ¿Qué pasa? Por mucho que intente evitarlo yo también me crié en una sociedad consumista.


Largo camino hacia otros derroteros

15 noviembre 2009

A las 5 de la madrugada, nos hemos levantado cansadísimos Jonathan y yo para coger un autobús hacia Tupiza (50Bs). Si la poca comodidad en la mayoría de los autobuses se le suma una carretera destapada, el camino promete ser pesado y largo. Todo lo eso lo compensa la capacidad que tenga uno de dormirse en tan malas condiciones y un paisaje que amenice el trayecto. casi llegando a Tupiza hay unas bonitas montañas erosionadas de tal forma que parece que hayan sido esculpidas expresamente por el nombre pero no es así. Después de pinchar una rueda, tener problemas eléctricos, perder líquido de la dirección y hacer varias paradas a lo largo del recorrido, hemos llegado a Tupiza que no es ni mucho menos la meta de mi viaje pero sí que es el lugar en donde me despido de mi buen amigo francés Jonathan del cual, sin duda, volveré a reencontrarme en mi camino. Si él se ha ido a Tarija, al sur de Bolivia, para conseguir información de una ONG para su tesis, yo he cogido otro bus que me ha llevado hasta Villazón el cual tampoco es mi destino definitivo en el día de hoy y mis motivos son más mundanos. Más de cuatro horas por una incómoda carretera destapada en la que se ha incluído otro pinchazo me han llevado hasta la frontera de Bolivia con Argentina. A las 18:00 he llegado a Villazón donde he cambiado algo de dinero y donde he tenido que caminar unos diez minutos desde la terminal hasta el puente que hace las veces de paso fronterizo. Una vez hechos los tramites de salida y entrada y añadiendo una hora a mi reloj por el cambio de huso horario, por fin he llegado a Argentina. Pero aquí no acaba mi camino hacia mi próxima población. Caminando 15 minutos más se llega a la terminal de Quiaca, el primer pueblo Argentino, donde he cogido a las 19:30 (18:30 antes de la frontera) un autobús hasta Jujuy (30 pesos argentinos). Ya empiezo a notar con este primer pago que todo es mucho más caro que en Bolivia y ya empiezo a preocuparme. Por otro lado, hay una notable mejor calidad en los autobuses, servicios y carreteras que están pavimentadas y con los carriles debidamente delimitados y señalizados. Y, si se me permite la pedantería aprendida en la autoescuela, con arcén suficiente no pavimentado. Ya de noche, el trayecto con tormenta en el horizonte avecinaba una cercana lluvia.

Lloviendo en la ciudad, he llegado a las 00:30 a la terminal de Jujuy desde donde he caminado un cuarto de hora hasta la hostería Carlos Alvear donde me he hospedado por 38 Ars. Bastante más caro que en Bolivia pero es algo de lo que ya estaba informado antes de entrar en Argentina. Espero no gastar demasiado dinero en este país. He estado casi 18 horas en un autobús y no he podido comer nada consistente en todo el día más unas galletas, unas patatas y un pequeño sandwich de pollo y tengo sueño. Creo que dormiré bastante y mañana me lo tomaré como día de relax.