Un gashego en Buenos Aires

9 diciembre 2009

Me he despedido de Mariela pero no he podido hacerlo de Jorge, Romi y Wanda. La verdad es que en este hostel me sentido como en casa y en familia. Buena gente a la que llevaré en el corazón. Era momento de partir hacia otro lugar, Buenos Aires. He tomado un bus hasta la terminal y he tomado otro hasta la capital del país (51Ars) a las 9:30, uno de los muchos que salen.

La suerte de parar en esta ciudad es conocer a Vanessa y Sergio que tienen un piso deshabitado y el cual están encantados de que yo lo utilice sin problemas. Ellos viven ahora en Londres y hasta allí les mando un beso muy grande y un infinito agradecimiento. Es una suerte tenerlos como amigos y poder disfrutar de su casa para mí solo. Espero poder relatar todo lo que viva en las próximas entradas en su querida ciudad.

He llegado a las 13:30 a la terminal del Retiro en Buenos Aires y lo primero de todo era conseguir las llaves de la casa. Para ello he tenido que ir en bus hasta la casa de Carmen, la madre de Sergio, que tan amablemente me ha recibido. Una vez hecho, he tomado otro bus hasta la casa a la que he podido entrar después de solucionar el problema de haber apuntado mal el número. Nada más entrar, ya sabía que iba a estar de lujo allí. Para empezar, he comido algo que he preparado con lo que me había sobrado de Rosario y después me he echado una siesta en el sofá. De noche, me he dispuesto a salir a descubrir la animada ciudad.

La idea era caminar 30 cuadras por la avenida Corrientes desde Medrano hasta el obelisco a un restaurante que me recomendó Roberto, el chico de Buenos Aires que conocí en Sucre (Bolivia), para después salir a tomar algo por la zona y volver en taxi a la casa. Poco de eso he podido hacer y es que no ha sido una gran noche. He dejado todas mis pertenencias en la casa y he salido con sólo 60Ars por lo que pudiera pasar. Y, lo que podía pasar, pasó.

He caminado las 30 cuadras que me separaban del restaurante. La avenida Corrientes no parece ser muy peligrosa pues está iluminada y hay gente constantemente por la calle. Por el camino, he recibido en varias ocasiones propaganda de locales de sexo fácil cosa que no me sorprende de una gran ciudad. Antes de llegar, un chico me ha dado publicidad de un boliche (discoteca) que al parecer habían inagurado en la zona y que quería mostrarme. Iluso de mí le he acompañado al local de la calle Talcahuano que estaba ahí mismo. Una vez dentro ha sido cuando me he percatado de que no se trataba de un boliche sino de otro de los tantos burdeles y las propuestas han sido del todo sexuales. Para cuando quería salir de allá despavorido haciendo saber que no era el tipo de turismo que buscaba y que yo no pagaba por tener sexo, era demasiado tarde. Tres chicas han parapetado la salida que un matón custodiaba para robarme. Para evitar algo que podría lamentar, les he dado lo que tenía (60Ars) aunque ellas querían más. Haciéndoles entender que no tenía más dinero, cosa que era cierto, he conseguido deshacerme de todos y salir a toda prisa  con el pretexto de que me estaban robando. He estado menos de 5 minutos allá adentro pero son los minutos más incómodos que he tenido en todo mi viaje.

Menudo recibimiento es el que me ofrece Buenos Aires. Por suerte no llevaba nada más. Lo que más me molestaba es que he tenido que ir a la casa sin cenar ni tomar nada y sin poder tomar un taxi. Al menos la caminata de las 30 cuadras de vuelta me han servido para calmar la rabia que sentía.

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