De Puente del Inca a Santiago de Chile

18 diciembre 2009

Me he levantado temprano para desayunar y poder vistar después el curioso y pequeño cementario de los andinistas fallecidos en el Aconcagua. Es curioso, pero todavía no había visitado el principal atractivo del poblado que es el conocido Puente del Inca, cuyo nombre tiene adoptado el poblado, y eso que se encuentra a 100 metros del refugio en el que me alojo. Lo cierto es que me lo reservaba para el final ya que sabía que iba a ser fascinante.

Puente del Inca es una formación rocosa a base de sales sedimentadas por el deshielo que al cabo de los siglos se han conglomerado formando un puente sólido por donde pasa el río Cuevas. El hecho de que por allá pasan aguas termales y que su color sea amarillento hace imaginar que restos de sales de azufre se encuentran en la mayoría de su compuesto haciendo del monumento natural una pieza única e increible.

Ahora sólo me quedaba esperar a mi autobús que me llevaría a Santiago de Chile. Al parecer, los viajes internacionales sólo permiten vender billetes en las ciudades y no en lugares de paso como en el qu eme encontraba yo. Por eso mismo y sabiéndolo de antemano, hace dos días compré un billete completo de Mendoza a Santiago ($80Ars) constando así que parto de Mendoza cuando en realidad lo hago a mitad de camino en Puente del Inca. Mi autobús salía a las 8:30 de Mendoza y me recogía a las 11:00 pero la cosa no iba a ser tan fácil. El autobús, en vez de pararse en el gran descampado que hay al lado de la hosteria El Inca, se ha parado en la ruta donde no lo he podido ver más que cuando ha pasado por delante de mí para seguir su camino haciendo imposible que lo detuviera. Alterado y sin saber qué hacer ya que el único teléfono público del poblado no funcionaba, he pedido como favor un teléfono celular al dueño de un comedor que me ha prestado sin problemas. He llamado enojado a la compañía exponiendo lo sucedido y me han asegurado una plaza en el siguiente que llegaría a las 17:00 sin coste alguno que, aunque me molestaba, me ha hecho sentir más tranquilo. Teniendo tiempo, he ido a almorzar algo de lo que sería mi última comida de Argentina en este viaje.

Al final he tomado el bus al cual he esperado en la ruta (carretera) enfrente de la hostería El Inca. El viaje ha sido largo por el trámite en la frontera y por las innumerables curvas en la carretera de los caracoles que atraviesa los Andes para acercarse al Pacífico. He conocido a una amable mujer que me ha dado 1000 pesos chilenos ($1000Chs) para el metro ya que yo sólo llevaba billetes grandes que había cambiado en Mendoza. Finalmente he llegado a las 23:00 a la terminal de santiago justo para coger (¿aquí se puede decir coger?) el metro que cerraba a la misma hora. La venta de billetes estaba cerrada y el guardía no me dejaba pasar sin billete para coger el último de la noche. Por suerte, un amable hombre que pasaba por allá y que escuchaba mi problema me ha cofrecido desinteresadamente un pase que me ha permitido llegar a la estación de Santa Lucía donde me esperaba un apartamento para mí solo. Solamente deseaba que Nathalia, la hemana de mi amigo Carlos de Cali, lo hubiera previsto todo para mi llegada. Y así ha sido que me ha dejado en conserjería unas llaves en un sobre pero otro problema iba a surgir cuando una copia no abría una de las cerraduras de la puerta del apartamento. Con ayuda del conserje la hemos podido abrir y menos mal porque ya me veía buscando un hostal a esas horas de la noche.

Alojado en el apartamento, he salido a cenar y, mientras lo hacía, pensaba que todo estaba saliendo a pedir de boca. Un poco al límite pero en definitiva las cosas estaban saliendo bien. Muchas gracias por el apartamento, Nathalia. Está de lujo y voy a estar muy cómodo aquí. Pensaba en que hace 11 años que no te veo pero qué bueno que pueda hacerlo finalmente en Cali en unos días. Un abrazo muy grande.

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Parque Provincial Aconcagua y el Cristo Redendor

17 diciembre 2009

Una de las muchas alternativas que se pueden hacer en Mendoza es hacer una ruta a los Andes hasta Las Cuevas, frontera con Chile pasando por Cacheuta, Potrerillos, Uspallata, Penitentes y Puente del Inca. Existen tours que se resorren en un día algunos de estos lugares por unos $100Ars pero yo prefiero hacerlo por libre y conocer tan solo un par de ellos, Puente del Inca y Las Cuevas.

Para ir hasta allá, solamente se puede hacer con la compañía de autobuses Uspallata ($20’38Ars curioso precio) y hay tres al día. Yo he tomado el primero, el de las 6:00 y me he bajado 3,5 horas después en Puente del Inca situandome de nuevo en parte de los Andes. Puente del Inca es un pequeño pueblo militar dedicado al turismo y ofrecen  hostales y refugios, tours, comedores y artesanías. Me he alojado en refugio El Nico ($35Ars con desayuno) porque el refugio La Vieja Estación ($30Ars) estaba completo.

Eran las 10:00 cuando he empezado a caminar y el primer lugar ha sido el Parque Provincial Aconcagua cuya entrada se encuentra a 2km de Puente del Inca. Desde allá se puede hacer una pequeña caminata de 4km por el circuito de la laguna Horcones ($6Ars). En dicho circuito, se encuentrael mirador del Aconcagua que se encuentra muy cercano y al cual se le aproximan senderistas y alpinistas para hallar su cumbre a casi 7000msnm, el pico más alto del mundo sin contar los del Himalaya. Finalizado el circuito, he empezado a caminar dirección Las Cuevas con la esperanza de que algún coche me recogiera por el camino pues la distancia es de 15km. Por suerte y al cabo de media hora, me han recogido Walter y Marta, una simpática pareja que me han hecho pensar cuando me han preguntado con qué elemento de la naturaleza conecto más. ¿El agua quizás? No lo sé.

Las Cuevas es otro pequeño pueblo turístico y solitario desde donde se puede acceder al monumento del Cristo Redendor a casi 4000 msnm a 8km montaña arriba por un camino cerrado al tráfico por causa de la nieve. Al principio, he comenzado a ascender  por el camino y, más tarde, he intentado atajar yendo montaña a través por terrenos escurridizos pero, al final, he vuelto al camino porque la pendiente empezaba a ser demasiado pronunciada. A medida que avanzaba me he encontrado con mucha nieve hasta el punto de tener que caminar sobre ella. Sobretodo en el último tramo que, fatigado después de tres horas de camino, he tenido que atravesar una peligrosa y  fuerte pendiente que sepultaba el camino. En alguna ocasión, he creído que caería al vacío pero al final he confiado en mis habilidades. Al fin he llegado al monumento que se halla en la frontera entre Argentina y Chile al lado de unso refugios deshabitados. Después de contemplar el precioso paisaje nevado de los Andes y soportado el gélido y fuerte viento que me venía acompañando todo el camino, he comenzado el descenso.

Por supuesto, no iba a hacerlo por el mismo camino y he empezado a bajar en línea recta por la parte más árida. Al principio ha sido divertido porque mis pies se hundían en la arena dándome más estabilidad en la fuerte pendiente hasta el punto de poder bajar corriendo de cara o en slalom. Más delante, no ha sido tan divertido cuando el terreno se ha vuelto más duro y resvaloso hasta el punto de caer de nalgas alguna vez magullándome las manos con piedras de pizarra a medida que caia mientras intentaba agarrarme a algo. Al principio he temido a la larga caída pero al final me he tranquilizado y he encontrado una postura cómoda y controlada para dejarme caer pendiente abajo hasta el pequeño riachuelo teniendo como único contacto con la tierra las suelas de mis zapatillas. Una vez en la proximidad del riachuelo, lo he seguido hasta recuperar el camino hasta la población de Las Cuevas. En total he tardado un ahora en bajar.

En ese momento de la tarde, me esperaban 15 km hasta Puente del Inca y apenas tenía fuerzas. He tenido que pasar por las abandonadas y escalofriantes vías del tren para evitar el oscuro tunel de la carretera. Más adelante he recuperado el camino por la carretera con a esperanza de que me recogieran de nuevo para llevarme a mi hostel pero eso no ocurriría hasta unos 8 km después. Al fin, he llegado al refugio para descansar mis sobrecargadas piernas y mi fatiga producida por el esfuerzo, la altura que tenía olvidada, la insolación y el frío soportado en la cima.


La alegre ruta del vino en bicicleta

16 diciembre 2009

Si por algo es conocída Mendoza es por su gran producción y calidad de vinos. Por ello me he dispuesto a conocerlos llendo a Maipú en un autobús que he tomado en la terminal. En Maipú hay numerosas casas que producen productos vinícolas, olivicolas y otros artesanales como licores y dulces. Una vez allá me han recomendado que fuera a la agencia Mr. Hugo al que los autobuseros conocen por ser una seria empresa que alquilan bicicletas para hacer el camino entre bodega y bodega más ameno y rápido pues hay mucha distandia entre un lugar y otro ($30Ars todo el día). Allá me han ofrecido un mapa con algunos de los lugares a visitar de los cuales me han aconsejado algunos y yo he escogido entre ellos. Me van a tener que disculpar todos aquellos a los que el rollo que voy a soltar les pueda resultar soporífero pero, sobretodo y antetodo, quisiera pedir disculpas a aquellos entendidos en la materia por mi gran ignorancia y por los errores que puedan haber y que a continuación expongo.

Primero he ido a visitar el Museo-bodega La Rural (gratis) donde me han explicado los procesos del vino que producen allá. Los montones de racimos son acumulados en una piscina con un sinfín que arrastra la uva hasta un hueco donde cae y es despalillada. Más tarde, una prensa neumática extrae el mosto que es llevado a un depósito de acero inoxidable de dobl ecapa y refrigerante (15ºC para el blanco y 25ºC para el tinto). En éste se echan anhídridos sulfurosos y levaduras para que fermente un tiempo. En el caso del vino blanco está muy poco tiempo en la cuba y la capa de piel y semillas baja al fondo. En el caso del vino tinto está más tiempo y la capa sube a la superficie debido al CO2. Para evitar eso, el vino del inferior es subido por bombas a la parte superior de la cuba en varias ocasiones. El mosto de la uva tinta es blanco pero es la semilla y la piel la que le da ese tono rojo y los taninos pertinentes que varia dependiendo de la uva y del tiempo de exposición. El crianza y reserva se conserva en barricas durante un tiempo en las que entra algo de O2 por los poros. Esto es algo que le aporta al vino algunas partículas que le dan propiedades de conservación natural que permite tenerlo en botella más tiempo. El vino joven se toma como máximo en 2 o 3 años porque no mejora con el tiempo. Para finalizar la visita, hemos degustado un vino joven malbec.

La siguiente parada ha sido la la casa artesanal A la antigua ($10Ars) la cual se dedica a producir productos como los chocolates, embases de hortalizas especiadas, licores, dulces, olivadas. Conocer el proceso ha dejado mucho que desear pues la casa en nueva y, de momento, no se  producen allí la mayoría de productos. Pero por lo menos la cata ha sido muy interesante. Hemos degustado su aceite de oliva y el vinagre balsámico. Habían salsa pimentón y olivadas de todas clases como las que les acompañaba el queso, berenjena, ajo o ahumada, pimientón. Los dulces a destacar eran el dulce de leche con coco, almendra, café o chocolate, dulce de calabaza y mermelada de fruta con ron. Entre las bebidas y licores se encontraban el licor de dulce de leche, el de chocolate, absenta, ron y whisky. Por último hemos probado el chocolate blando y negro con avellanas. Muy rico todo.

Me he ido a la otra punta del pueblo, a unos 9km de distancia, para visitar una casa de productos olivícolas, Laur ($10Ars). Dicha casa se fundoó en 1906 por el francés del mismo nombre. Allá nos han explicadi qye de 196 especies de olivas se utilizan 4 en Laur. Aquel aceite que se produce con ellas y que tiene una acidez menor a 1% es el aceite virgen extra, del 1 al 2% es el aceite virgen y con más del 2% de acidez es el aceite común. Se hace aceite con olivas negras que son muy ácidas pero para que sean comestibles las mezclan con otras olivas. En esta casa se recogen 100.000 aceitunas al día que producen 16.000 litros de aceite. El proceso inicial a seguir es el de separar la uva, lavarla, triturarla y tratarla en una termoamasadora. La oliva es 50% agua y 50% aceite y de este aceite hay parte de sólido y parte de líquido. Es por esto que primero se pasa la pasta de oliva por una centrifugadora que por movimiento separa el caroso (sólido de la oliva) que se reutiliza como combustible en otras tareas. Después se pasa el líquido por otra centrifugadora qu epor densidad separa el aceite del agua (que es reutilizado en el riego). El aceite se deja dos meses en piletas donde madura su sabor y, posteriormente, es filtrado y embasado. Un aceie cerrado puede durar unos dos años pero uno abierto es recomensable consumirlo lo antes posible. Si se introduce en el refrigerador una botella de aceite y se convierte en manteca es que es bueno pero si no lo hace es que le han añadido productos químicos que no interfieren en la calidad. Al final de la visita hemos degustado productos de la huerta especiados de los que destaco los tomates rehidratados con aceite de oliva y ortas especias.

La última visita ha sido a la bodega Familia Tomasso ($10Ars)una casa de 4 generaciones de enólogos en su haber. Nos han mostrado las antiguas bodegas de ladrillo con aislante de cera de abeja que se utilizaban antaño y nos han explicado algunas cosas como que el vino joven, que no ha estado en barrica, tiene más acidez y es más picante. La madera de los robles en la que se conservan los vinos hace que absorva esa acidez. Y por cada año que haya estado en barrica puede estar 6 años en botella. Nos han explicado la anegdota del vino del siglo, Lagarde Semillón 1942, que fue un vino olvidado en una barrica que fue descubierto años más tarde y del que, aunque en un principio los descubridores lo trataban de vino malo, se consideró el mejor vino del siglo ganando así un premio. Hemos hecho una interesante cata de vinos: el primero un cabernet sauvignon joven algo ácido; el segundo, un malbec roble (6 meses en madera) más suave, afrutado, con postgusto en el cual se nota el sabor a madera; el tercero, un malbec premium (1 año en madera) más oscuro y denso y el cual perdura más tiempo en boca; el cuarto y último, un vino dulce que no sabría definir pero es un tipo moscatel.

Sin duda ha sido un interesante día aunque me quedo sin veruna bodega más que quería visitar. De todas formas, es mejor así porque no e splan de volver zigzagueando con la bicicleta como hacern otros turistas embriagados. Menos mal que tienes el respaldo de la policía que vela por ellos.


La tranquila Mendoza

15 diciembre 2009

He llegado a las 9:30 a Mendoza y, como en oras ocasiones, me ha recibido una mujer que me daba publicidad de su hostel, Casa Pueblo ($30Ars con desayuno), situado a dos cuadras de la terminal al cual me he dirigido y del que me he apropiado de una cama en una habitación comunitaria. En el comedor me he encontrado a la chica de Israel que conocí en Cuyabeno y que luego encontré de nuevo en Baños y aunque sigue sin saber español parece algo más extrovertida. Imagino que el viaje le ha cambiado en algún sentido. Cuando me disponía a pasear por la ciudad, me he encontrado al salir del hostel con Michelle, un hombre mayor francés que vive de su huerto ecológico en su país. Con él he compratido una cerveza mientras me explicaba cosas de su vida y su interesante trabajo.

Más tarde, he emprendido la marcha pasando por algunas de las calles, avenidas, plazas y parques más acudidos de la ciudad convinándolos con un paso por el supermercado para comprar algunas cosas que cocinaría para almorzar. Mendoza es una ciudad tranquila y pequeña de unos 110.000 habitantes que no tiene mucho que ofrecer dentro de la urbe pero sí en sus proximidades como en la montaña y en el mundo del vino y es que Mendoza es la primera productora de vino del país destacando como principal uva el malbec.

Los lugares que he visitado han sido la avenida comercial de San Martín, las plazas España, Italia, Chile y San Martín con sus fuentes sin agua (imagino que debido a la sequía), la gran plaza Independencia, la plaza de Castillo y el parque O’Higgins. Pero nada de esto se puede comparar con la grandeza del parque General San Martín frecuentada por gente amante del deporte y el entretenimiento en un ambiente verde y bonito. Ha sido largo recorrer algunos de sus caminos y aún así me he dejado unos cuantos más por ver.

Por la noche y en el hostel, he conocido a Andrés, quía de Chile, Argentina y Brasil, que, después de charlar sobre nuestras cosas, me ha mostrado algunas canciones folclóricas de su país como la samba argentina, canciones de gauchos y algunas chacareras que ya había oído con anterioridad de mi viaje. También he podido escuchar algunas canciones del cantautor uruguayo que tanto me gusta, Jorge Drexler, y he recordado una de las canciones que más me fascinan de él, Todo se transforma.

Me voy pronto a dormir ya que al día siguiente haré varias visitas a algunas bodegas de Maipú situado a una hora de Mendoza y lugar ideal para familiarizarse con el vino argentino y otras especialidades.