Navidad en la carretera

25 diciembre 2009

Me he despertado a las 6:00 para dirigirme hacia otro destino al norte de Perú, Tumbes (frontera con Ecuador). Pero para ello debía pasar por Lima la cual, uan vez más, pasaré de largo conociendo únicamente sus terminales. Por lo pronto, he tomado un mototaxi que casualmente pasaba por Huacachina, que cuesta más barato que un taxi (3’50 soles) y que me ha llevado hasta la terminal de Soyuz. Esta compañía fleta autobuses a Lima cada 15 minutos por 20 soles demorándose unas 4,5 horas. Así que tomo uno a las 6:45

He llegado a las 11:15 y he tomado un taxi que me ha aplicado la tarifa navideña de 8 soles para ir a l aterminal de Flores. Solicitando una rebaja, me lo ha dejado en 7. No he insistido demasiado porque es Navidad y no me apetece pelearme por dos soles de más. Una vez en la terminal de Flores he conseguido un billete en el único servicio en el que había alguna localidad libre, el servicio económico (50 soles). Teniendo en cuenta que los servicios económicos son proporcionales a la incomodidad y que éste me ha costado tres veces menos que un bus semi-cama, podemos decir que puede ser muy incómodo y deducir el teorema que dice: Si x=muy economico, entonces x=muy incomodo. Pero x no es el único factor a expresar. Teniendo en cuenta que el viaje es de 18 horas podemos decir que:  18·x = mevanatenerquesacarconunapalancadelbus. Pero no puedo pedir peras al olmo porqu eme consta que en estas fechas es difícil encontrar buses libres. El bus no salía hasta las 14:15 y he esperado a Claudio, el chico de Lima que conocí en Quito, con el que había quedado. Es una pena no haber podido disfrutar de Lima porque en su compñía hubiese sido mejor. Le pedí por favor que viniera a verme para traeme la sudadera que perdí de vista en Cusco y que por suerte de la vida y por contactos conseguí saber de ella haciendola llegar a Lima por mano de Leen, la chica de Bélgica que conocí en Arequipa. Claudio ha llegado en el último momento cuando ya pensaba que no aparecería. Pero lo ha hecho y con mi querida sudadera en la mano. Nos hemos hecho un pequeño resumen de nuestras andanzas en el viaje. Se nota que a los dos nos ha aportado muchas cosas este viaje aunque nos ha faltado muchas cosas que contarnos. Un abrazo, Claudio, y gracias por dedicarme un rato en este día tan familiar como es la Navidad. Espero poder coincidir de nuevo contigo otro año en algún lugar del mundo.

He tomado el bus e intentado encontrar la postura más cómoda la cual he creido encontrar en alguna ocasión. Entre entretenidas películas, compasivas paradas, amenas charlas con mi compañero de asiento y pequeñas cabezadas, se me ha pasado el día volando. Este día tan especial para algunos y que para mí no ha significado más que un día más en la carretera. Mientrastanto decido que mi próximo destino no será Tumbes, última población de Perú para atravesar Ecuador, sino que será unos kilómetros antes, en las cálidas playas de Máncora para relajarme de mi estresante y largo viaje hasta la ansiada Cali.


Las islas Ballestas y la Noche Buena

24 diciembre 2009

Me he despertado temprano porque a las 7:00 nos venían a buscar para dirigirnos a Paracas, a una hora de Huacachina, y así poder visitar las Islas Ballestas (60 soles). El piloto en cuestión ha sido El Chamo, al cual ya conocí ayer en el desierto. Y digo piloto porque he sentido el mismo nerviosismo que ayer en las dunas pero esta vez en la carretera con más coches, cosa que no me ha parecido tan divertido. Él está seguro de su forma de conducir y critica al resto pero, aunque es un buen tipo, es algo temerario. Tanto que hemos llegado a Paracas en la mitad del tiempo de lo normal, 30 minutos.

Una vez más me encuentro ante el Pacífico pero esta vez más cerca que nunca, en la playa de Paracas, junto algunas gaviotas y pelícanos. Hemos subido en una lancha motora después de pagar 1 sol por utilizar el embarcadero. Primero nos han acercado a la árida Reserva de Paracas donde hemos podido ver unas cuantas aves y el famoso Candelabro, incisión en la piedra de la que se desconoce su procedencia y significado, al má spuro estilo de las líneas de Nazca. Acto seguido, hemos llegado a toda velocidad a las islas Ballestas, trayecto en el que he encontrado una utilidad a mi chubasquero. Yo me lo había llevado para evitar ser salpicado por el guano de la gran cantidad de aves pero, al final, el principal problema iba a ser el agua que nos ha salpicado la lancha.

Las islas Ballestas son las consideradas Galápagos de los pobres y es que en un recorrido de algo más de una hora se recorre algunas de ellas para poder observar el habitat de varias especies de aves, como las gaviotas, albatros, pelícanos, pingüinos y otras, y también de lobos marinos y cangrejos. Ha sido fascinante ver la gran cantidad de aves que habían en aquellas rocas en medio del Pacífico y los numerosos lobos que descansaban al sol en manadas. Hemos pasado por puentes naturales entre las rocas y hemos visto algunas estructuras construidas por el hombre y que se utilizan para conseguir un material que se exporta en gran cantidad desde Perú, el guano de ave utilizado como rico fertilizante.

Hemos vuelto a la carretera con el loco de El Chamo y, en mi caso, me ha dejado de nuevo en Ica para saber si ya funcionaban los sistemas de internet en la ciudad y comprar algunso billetes. No ha sido así y una vez más me he encontrado con las pocas ganas de trabajar de algunos empleados. Así que enojado he ido a comer antes de volver a Huacachina donde he descansado un rato antes de que comenzara la cena de Noche Buena que tenía preparada el hostel para sus inquilinos. Ésta ha constado de una pieza de pollo y otra de pavo, arroz, compota de manzana, panetone, champale (una especie de champagne pero hecho a partir de la malta), batido de chocolate (que dicen los del hostel que es normal pero me van a permitir que dude que tal cosa se sirva como bebida en una cena) y un ron con cola que no he podido beber. El disco de reggetón que sonaba constantemente se ha repetido hasta la saciedad y el chico del bar ha intentado animar el cotarro sin conseguirlo. Al parece, todos nosotros teníamos ganas de una velada más relajada. Quizás haya sido al extrañar nuestros hogares y nuestras tradicionales cenas en familia que son mucho más entretenidas y entrañables. Un beso para la familia. Poco más tarde de las 00:30 me he ido a dormir ya que tengo intención de despertarme temprano. Suerte que tengo facilidad para dormir porque el reggetón retumba en todo el hostel.


Sandboard en las dunas de Huacachina

23 diciembre 2009

He llegado a Ica a las 6:00 y me he despedido de Alejandro que estaba algo adormilado. En la misma terminal, he tomado un taxi que me ha llevado hasta Huacachina (5 soles), a 5km de Ica. Me he hospedado en el conocido Casa de Arena, un hostel con piscina y barra musical, donde he descansado un par de horas antes de volver a Ica y hacer algunas averiguaciones.

Ya no me acordaba de la Perú que tiene las calzadas llenas de irritantes taxis tocando el cláxon para captar clientes. Ni siquiera de la Perú que menos me gusta y me refiero a aquella que ofrece, en algunos casos, pésimos tratos por parte de algunas empresas sin espíritu de servicio ni compromiso con el cliente, sobretodo a lo que empresas de transportes se refiere. A veces no te miran a la cara, otras parece importar más lo que están haciendo que atender, otras ni contestan a las preguntas o lo hacen con toda la calma del mundo que llega a desesperar. Pero es un pez que se muerde a cola y, rompìendo una lanza a favor de los tristemente asalariados empleados, es que ellos son también víctimas de sus déspotas jefes y de la mala educación de los clientes que llegan increpando sin respeto. Un trabajo que debe quemar a cualquiera. Es por ello que he sido un daño colateral en todo este comportamiento cuando he intentado comprar tres billetes de autobús en diferentes compañías para diferentes trayectos y al final me he ido sin comprar ninguno. Solamente en un caso tenían la excusa de que se había estropeado la conexión de internet en toda la ciudad, en las otras dos compañías bastaba con llamar a Lima y reservarlos por teléfono pero igual es demasiado trabajo para Ormeño y Flores.

Ya que estaba en Ica, he aprovechado para conseguir algo de dinero y comer por 6 soles, cosa que en Huacachina resulta imposible. Después he llegado al hostel desde donde he contratado una divertida actividad. Los numerosos hostales y restaurantes de la minúscula y turística población de Huacachina se encuentran rodeando una pequeña laguna que, a su vez, está detrás de un extenso desierto lleno de dunas. La típica actividad allá es el sanboarding y es lo que he contratado en el mismo hotel en el que me alojo (40 soles) pero eso no es lo único que íbamos a experimentar. Alfredo, nuestro piloto, nos ha venido a buscar al hostel en un potente auto de 9 plazas cubierto de una estructura metálica que favorece el vuelco en el caso de que exista. Nos hemos ajustado bien nuestros cinturones de seguridad que tan útiles iban a ser y hemos pagado incomprensiblemente 3’50 soles para entrar al desierto. El viaje había comenzado y era de vértigo mientras corría a toda velocidad por el desierto bajando y subiendo enormes dunas sin ningún tipo de miramiento. Sólo nos quedaba confiar en la experiencia de Alfredo y disfrutar. Finalmente nos ha llevado a lo alto de unas dunas para hacer la verdadera actividad, el sandboarding, aunque yo no sabría decir cual de las dos es más divertida. En la primera bajada, nos hemos deslizado con el pecho apoyado en la tabla y bajando de cabeza por las dunas teniendo como control de velocidad los pies que rozaban la arena. La segunda y tercera pendiente he intentado bajar de pie pero me he dado cuenta que no era lo mío. Posiblemente, los amantes del snowboard y del sandboard no estarán de acuerdo conmigo y me tratarán de hereje cuando diga que he preferido descender de pecho y las razones son la aerodinámica y, a consecuencia, la velocidad. La arena ofrece más rozamiento que la nieve y no podía coger mucha velocidad por lo que caía constantemente. Las siguientes bajadas eran más grandes y pendientes haciendo que cogiera más velocidad y que tuviera un buen subidón de adrenalina. Sólo nos quedaba volver al hostel y, para ello, Alfredo ha hecho de las suyas pilotando el auto por el desierto. Sin piedad y por toda duna, ha subido a toda velocidad por barlovento y bajado por sotavento llegando en ocasiones en la transición a no tocar tierra firme durante algún tiempo.

He llegado al hotel y me he sacado toda la arena que había llegado hasta los lugares más íntimos. Más tarde, he salido a cenar algo donde me he encontrado con Tomo, un japonés que ha hecho sandboarding conmigo. Ha sido difícil comunicarme con él pero un traductor electrónico que tenía ha hecho el trabajo más complicado. Me ha acompañado al restaurante en el que iba a comer algo que tenía que haber probado hace tiempo, el ceviche. En este caso he probado el rico ceviche de cojinova (un tipo de pescado crudo pero marinado con limón y cebolla) acompañado de camote (batata). Después, hemos ido a tomar una cerveza al bar del hostel de Tomo, Carola del Sur, que parece más animado que el mío pero no he tardado en irme porque mañana tengo que levantarme temprano para hacer otra actividad.


Good bye and good trip

22 diciembre 2009

Después de 30 horas de viaje, hemos llegado al fin a Arica. Pero la odisea continua. Allí mismo he conocido a Ryan de Nueva Zelanda y a Tharik de Brasil que iban en nuestro mismo autobús y que se han unido a Federico y a mí para ir a tomar otro bus ($1500Chs) que nos llevara a Tacna, la primera población de Perú en la frontera con Chile. Me ha parecido extraño que al subir al autobus me quitaran temporalmente el pasaporte pero me he quedado más tranquilo al ver que habían hecho lo mismo con el resto de pasajeros. Al parecer, necesitan hacer un control de pasajeros para dar parte al pasar por la frontera. Una vez hemos llegado a las fronteras, nos han sellado la salida de Chile y la entrada a Perú. Después hemos recorrido otro tramo en bus hasta la terminal de Tacna donde hemos cambiado algo de dinero, hemos atrasado dos horas nuestros relojes (Chile es un huso horario menos pero no tiene hora solar y adelanta una hora su reloj en el equinocio de otoño) y hemos comprado los billetes a nuestros próximos destinos: Federico, Ryan y Tharik a Cusco (que tan buenos recuerdos me trae); y Alejandro (un chico de Buenos Aires que hemos conocido en la terminal) y yo dirección Lima, aunque yo pararé 4 horas antes en Ica para dirigirme posteriormente en taxi a Huacachina, a 5km de Ica.

De cualquier forma, todos nosotros tenemos que tomar un bus a las 9:30 que nos lleve hasta Arequipa y desde allí tomar otro autobús a nuestros respectivos destinos. Los billetes de la ruta Tacna-Arequipa-Ica me ha costado 135 soles. Después de unas cabezadas, películas y charlas con mi compañero de asiento Alejandro, hemos llegado a las 16:00 a Arequipa y hemos ido a almorzar  ya que el bus a Lima no salía hasta las 18:30. El menú ha sido un lomo saltado (tiras de lomo de res con verduras, arroz y patatas fritas) acompañado de una InkaCola (bebida gaseosa amarilla típica de Perú) que no probaba desde hacía tiempo. también he notado el cambio de tarifas en los autobuses y comidas de Chile a Perú que tan bien me van en mi economía de batalla (en los hosteles no hay tanta diferencia).

Alejandro y yo nos hemos despedido de Federico, Ryan y Tharik para tomar nuestro bus. Es curioso como al viajar se coge cariño a la gente aunque se haya estado tan poco tiempo juntos. Quién sabe si algún día nos volveremos a encontrar. El viaje es largo y desde que salí de Chile hasta que llegue a Ica habré hecho un record personal de 50 horas de bus. En ese largo trayecto a mi próximo destino, dejo de nuevo las líneas de Nazca atrás que no suponen ningún interés en mí.

Descanso y me duermo con facilidad en el asiento semicama, como siempre he hecho, mientras pienso si a algún familiar o amigo mío le ha tocado la lotería de Navidad en España. ¡Suerte!


Vuelta a casa por Navidad

21 diciembre 2009

Gracias a toda la gente peruana que vuelve a sus hogares para pasar las fiestas de Navidad porque han hecho de me quedara sin billete de autobús para desplazarme entre los paises con comodidad. Como alternativa y por ahora, mer queda psar las fronteras una a una cambiando de autobuses en cada lado.

He tomado un bus ($42800Chs) a las 00:00 que me llevará durante 30 horas hasta Arica, el último pueblo de Chile en la frontera con Perú. Todavía no tengo claro qué haré a partir de entonces pero alguna idea tengo. Me he dedicado todo el día a ver unas cuantas películas de video que ofrecían en la pantalla del autobús, a comer algo que obsequiaba la compañía Tur-Bus y otras tantas que llevaba yo por mi cuenta y a charlar con mi compañero de asienro Federico, un chico de Mendoza (Argentina).

Me espera un largo viaje hasta Arica en el que atravieso el famoso, extenso y árido desierto de Atacama. Sería interesante visitarlo pero el tiempo apremia y me conformo con ver los desiertos que ví alrededor del salar de Uyuni en Bolivia. De todas formas y desde el autobús, las vistas del Atacama a un lado y del Pacífico al otro hacen del paisaje una vista excepcional que se repetirá a lo lago de la costa chilena y peruana.

Me muestro paciente y me abstraigo de mis pensamientos para hacer del largo viaje algo menos desesperante ya que están superados los largos recorridos por la costumbre adquirida. Por otro lado, he de decir que es a primera vez que voy a hacer un recorrido tan largo. Los 30 km no van a ser los únicos en mi ruta hasta Huacachina.